Nunca me han preguntado mi parecer acerca de estadísticas, gustos, ideas,  a pie de calle, a las puertas del colegio electoral, o, simplemente sobre mi ciudad por cualquier asunto que le atañe. Y, aunque consciente de que mi opinión puede ser errónea, nada vinculante y sin el más mínimo interés de tenerse en cuenta; voy a darla. 
 
No me cabe en la cabeza que el portavoz socialista critique que una obra como la de San Sebastián ocasione problemas de tráfico en la zona. ¿Y cómo de otra manera se va a ejecutar las obras? Vivimos en una ciudad de lujo, desde cabo a rabo o puerta a puerta, la de Estepa y Granada, apenas hay veinte minutos a pie para el viandante. Para cualquier municipio un poco mayor eso es estar al lado, y aquí, sabiendo que vamos a mejorar, no sabemos más que poner cortapisas a unos proyectos encaminados a un futuro que cada vez está más cerca. Los nuevos tiempos vienen ambiciosos pidiendo cambios. En las costumbres, modos de vida, trabajos, ocio.

Las mismas empresas que hoy ofrecen muchos puestos de trabajo, observamos con sutileza cómo tratan de eliminar personal aumentando tecnología. Todo con cautela porque las ventas tienen que crecer y el factor humano ha de ser su prioridad. Pero no renuncian a los nuevos tiempos y no tardaremos mucho en ver el trabajo mecánico realizado por máquinas.
 
He estado unos días de vacaciones en Soria. Todo el centro es peatonal. Y allí hay coches como aquí. Y han sufrido las obras de remodelar todo un Centro y las calles adyacentes, y además, están encantados. Se pasea a gusto, es un hervidero de gente, comercios, terrazas al aire libre que tiene un tiempo estacional muy corto, no tienen los diez meses de verano y primavera nuestros. 
 
La ciudad respira vida por los cuatros costados y  dicen que ha mejorado  para bien.  Todos han ganado, tanto que los más escépticos que tenían que aparcar el coche en la puerta del lugar al que se desplazaban, han comprendido el bienestar de una ciudad que se quedaba encerrada en su pasado y tradiciones. Ahora es abierta y acogedora y facilísimo la mezcla de los vecinos y visitantes. ¡Ojalá veamos así Antequera!