Suelo ver los programas de viajes de Michael Portillo. Cargados de historia, anécdotas, gastronomía y costumbres. Es una visión tan completa de cualquier lugar donde se encuentre que da la sensación de que el telespectador está disfrutando la ciudad. Es posible reparar en más detalles de los que podríamos ver in situ, y no es fácil disponer de un guía en el viaje tan extraordinario como el señor Portillo, descendiente de españoles. En uno de sus viajes nos deja una frase que me parece bastante acertada para todos los acontecimientos que Antequera se trae entre manos “cien años de historia apenas es un parpadeo”.
 
Se ha iniciado el parpadeo el día 30 de junio poniendo en marcha una gran variedad de actividades que nos dejó asombrados, incrédulos, maravillados y entregados a ese abrir y cerrar de ojos tan repentino que apenas nos daba tiempo a asimilar. Y lo mejor que será así todo el año hasta verlos abiertos totalmente en su clausura. 
 
No podía tener mejor inicio ni padrinos en esa tarde del museo, todo muy bien medido, entornándose y abriendo para dejar el juego de la imaginación. Cierto que se habló de actividades concretas, pero mágicas, como son las exposiciones de Cristóbal Toral o Antonio Montiel. El primero en sus equipajes y maletas universales nos abre la curiosidad del encuentro, de destapar la sorpresa de la imaginación y buscar en un interior que no se quiere mostrar. Antonio nos da una realidad de colores y luz, rostros embellecidos por su pincel y su cercanía personal. 
 
Y música, la mejor Ángel Sanzo, también  la sinfónica de Málaga. Buen teatro de Kiti Mánver.  Y muchas cosas más que nos dejaron pasmados del buen trabajo que han hechos estos chicos del Sol. Los conferenciantes muy amenos y disfrutando poder acompañar a este periódico tan nuestro que quiere continuar siendo mayor, sin envejecer. Y con la discreción que siempre se acompaña Antonio Alcaide, disfrutaremos de su gran saber en sus disertaciones.
 El parpadeo se va haciendo cada vez más lento, dejando paso a la luz. Ésta hará su acto de presencia en el cumpleaños y se unirá en un canto universal el Sol, los Dólmenes y el Torcal para decirle al mundo que Antequera ha dejado su historia local atrás. Desde ese momento y para la posteridad será universal.