Es el mensaje que Antequera repite hasta la saciedad a la consejería de cultura de la Junta. Siempre he pensado que la señora Rosa Aguilar es buena gente, al menos transmite un mensaje entendible, consensuado y bastante sosegado. Me parece que cree en lo que hace. Otra distinta es lo que le dejan hacer.
 
Desde su paso por IU en su Córdoba natal hasta su asiento en el PSOE ha dado muestras de seriedad y responsabilidad, sabiéndose agradecida y controlada por quienes ostentaban mayor poder. Hasta que ha llegado su cese, y éste nos trae otro dolor de cabeza a los antequeranos. El recién llegado puede tener menos compromiso o más posibles divagaciones para atender un ruego de urgencia: los dólmenes.
 
No nos engañemos, los cambios son un pelín para mejorar la imagen del conjunto y un mucho para marear la perdiz. Y ahora nos toca cartas a vaya y venga esperando la respuesta deseada. Perdón, vivimos la era de whatsapp o teléfono directo, que siempre está comunicando o se encuentra ausente el objeto del deseo, en una palabra, vamos a sudar la gota gorda nada comparable a la que estamos sufriendo con la meteorología.
 
Cambiar, recién perdidas unas elecciones, aunque sólo sean a nivel interno, pueden interpretarse como la recolocación de la perdedora en lugar seguro y con pocas complicaciones ante lo que se avecina. Lo que quede pendiente, incluso con fecha de caducidad que espere; el sillón y acallar murmullos continuos, son prioritarios. ¡Estos políticos puñeteros nos hacen mucho de sufrir!
 
¿Y si salimos a la calle? Autobuses delante de la consejería de cultura. ¿Si se va al fútbol a Badajoz en autobús y se presencia el encuentro al sol con estas temperaturas, incluido nuestro alcalde que además de afición hace falta voluntad, por qué no a reclamar lo que nos pertenece? Y mientras aquí esperando con inquietud cumplir los plazos marcados ¡Tiene bemoles!