Así es como definió la discapacidad, palabra que hemos de desterrarla, alguien que conoce muy bien de qué va el tema, lo sufrió, luchó por buscar un hueco y encontró un sitio en la normalidad de vida en la que todos queremos y deberíamos estar. No cabe duda que me estoy refiriendo a Pablo Pineda. Valiente para apostar por él y más aún para abrir paso a quienes vienen detrás. El laberinto de sufrimiento y lucha viene parejo, pero que esconden con dignidad y solo se visualiza el esfuerzo. Y hablando del tema y reconociéndome hurgona en las noticias relacionadas con la ciudad, leo que se ha impartido un taller de reciclaje para discapacitados, y vuelvo a afear el calificativo.
 
Que se  eduque a todas las personas para reciclar sería un logro mayúsculo de consecuencias extraordinarias en el día a día y seguro que en un tiempo futuro de nuestras ciudades y planeta, y no lo hacemos los capacitados sin tener que añadir calificativo alguno. Yo admito tener tres puntos en casa, a veces, en verano sobre todo, cuesta un poco por la cantidad de envases que desechamos por el calor, pero aún así; hace tiempo que soy fiel y no mezclo. Y he de decir que cuando acudo a depositarlos a su contenedor correspondiente veo amalgamas y restos que demuestran el poco caso o ninguno que se le hace.
 
Convencida de la lección de cualquier materia que puedan asumir, los chicos con otras capacidades, harán un verdadero y eficaz uso del reciclaje, lealtad absoluta a la enseñanza recibida y puesta en práctica sin demora.  Por una vez podríamos aprender de ellos y apuntarnos al reciclaje, todos, sin trampas que faciliten en casa sin estorbar, y menos que usemos el primer contenedor que encontremos al paso, sea o no el adecuado. Andar unos metros no deja cojo a nadie ni tampoco desprestigia. La responsabilidad, como el generar basura del tipo que sea, es nuestra. ¡Luchemos por un mundo menos contaminado. Los chicos con otras capacidades ya lo están poniendo en práctica!