La mesa redonda que sobre la mujer africana tuvo lugar el miércoles día 10 en el Colegio La Salle- Carrera fue gratificante, enriquecedora y con unas perspectivas capaces de transportarnos en el tiempo pasado y futuro con la misma pregunta que arrastran como una carga pesada de la que no pueden separarse. ¿ Dónde está la solución ? Ser negra, pobre, vieja , viuda y casi analfabeta, no deja de ser mujer, con la acuciante necesidad de seguir en su propia lucha, y además, con un pequeñísimo hueco que se escapa de libertad entre tantos problemas, da para mucho, la colma de amor,  sueños y  cielo.
 
Su espacio para traer vida al mundo, nada se parece al nuestro, allí todo es espacio y con suerte, una cama desvencijada la cobijara poco tiempo, la necesidad acuciante de volverse a ocupar, apenas marca un respiro a la nueva madre. Pero la mujer africana está llena de pasión y coraje. Los tertulianos pronto nos sacaron del error, mantenido en el tiempo de la pasividad y dejadez de sus tareas. 
 
Son el sexo fuerte y realizan todo tipo de trabajos y con gran capacidad  para cambiar, aunque apenas se haga visible, su mundo. Y qué duda cabe, se llenan de risas y se engalanan con los abalorios que realizan con sus propias manos en un canto a la feminidad. Llevan toda la carga de la familia, y cabezas y espaldas sirven de transporte a todas sus necesidades, pero poseen un alma sensible para besar la tierra que le da cobijo. Y alegría, mucha alegría  para jugar con los niños y llenarlo todo de risas infantiles y colores. África es color, un abanico donde todos los colores se abren a la par, pero apenas si puede cubrir una pizca de pobreza de la que tanto abunda. 
 
Y sentimientos. La mujer africana se llena de ternura en la adversidad y cual un estanque almacena las lágrimas para lavar penas de amor, soledad, ingratitud y saberse olvidadas del mundo. Y sin embargo, no se humillan, son necesarias para que siga en pie su comunidad y esa es la fuerza que proyecta al mundo. Coraje y valentía, sin tener casi nada. Una lección en toda regla a ese primer mundo que mira para otro lado.