Me parece que en estos momentos, Antequera presenta un dinamismo rara vez conseguido en otro  tiempo de su historia, y no es de justicia pensar que hemos dejado de sentirnos menos orgullosos de ella. Antequera experimenta un gran cambio en positivo. Son muchas las buenas nuevas que está recibiendo y recibirá en un futuro próximo. Una apuesta ambiciosa que ya estamos viendo los primeros resultados. 
 
Grupos incesantes de turistas girando sus miradas a diestra y siniestra sin dar crédito a tanta hermosura que hay a su alrededor y preguntándose en su interior ¿dónde estaba escondida esta ciudad que acumula tanto arte religioso y civil, paisajes naturales de ensoñación, prehistoria, clima y buenas comunicaciones? ¿Qué les ha faltado a sus antiguos regidores para no lanzarse a la conquista de hacerla Patrimonio?
 
 Estoy de acuerdo con el señor Alcalde y convencida que el camino por recorrer es extraordinario lleno de gratificaciones y parabienes. Sin ir más lejos, a partir de junio, el Centenario de El Sol y Antequera van a ir cogidos de la mano, juntos y enamorados, vendiéndose con categoría y criterio al resto y con un final feliz, lejos de los protagonistas de la Peña de los Enamorados, Tello y Tagzona, ellos eran un imposible. Antequera es una realidad y su periódico, que ha sido cronista fiel durante un siglo, está dispuesto a seguir siéndolo con el mismo amor y entrega de siempre. Hoy es más Antequera, más abierta y porosa a cuantas influencias vienen de fuera, en una palabra, más enriquecida.
 
¿Que faltan cosas por hacer? Sin duda. Hay que ir cambiando la situación de los ciudadanos más vulnerables, mejorar asociaciones, colectivos... que son riqueza humana. Seguir en positivo el número de  afiliados  a la Seguridad Social. Apostar, como se está haciendo, por la música, sobre todo, en los jóvenes que puedan desarrolla un ocio creativo. Pero quizá la apuesta más ambiciosa esté por llegar. La arteria principal de Antequera hacerla peatonal y llenarla de vida, sería un punto de inflexión importantísimo. Gritos y susurros cuando se hizo en calle Larios, hoy día se ha podido comprobar que esa decisión no pudo estar más acertada.