Quizá sea una apreciación mía; pero suelo andar con frecuencia por las calles y rincones de la ciudad y observo falta de limpieza. Tal vez no sea solo una cuestión municipal, puede que intervenga también la ciudadanía. Hace pocos días, vi y reprendí a unos chicos que volcaban una papelera que se haya instalada en el lateral de los Patos casi a la altura del paso de cebra. Llena a rebosar, y en un segundo, uno del grupo que parecía el cabecilla se jactaba de la broma al ver tirada la basura por la acera incomodando al viandante. Si llevo el móvil a mano, la fotografía va al periódico.
 
Afortunadamente el incidente se queda en un hecho aislado. La gente es civilizada, salvo pequeños descuidos en los que casi todos solemos caer. Sin embargo, la calle Alameda que es una de las más transitadas ofrece unas aceras sucias, ennegrecidas con una clara falta de limpieza. 
 
No voy a entrar en ningún tipo de debate de quién puede venir la culpa de tal estado. Si es falta de los servicios municipales que no  actúan con mucha frecuencia o que el pavimento se ensucia con facilidad. Sí es cierto que cuando caen cuatro gotas se vuelve tan resbaladizo que es incómodo el tránsito. También adolece del mismo mal el Parque Real, demasiados rincones de hojas amontonadas y no puedo precisar hasta qué punto la culpa es del viento.
 
Me parece que esta ciudad milenaria, que hasta hace poco ha estado adormecida dentro de sus fronteras, ha despertado al mundo a lo grande, se ha colado entre las primeras, por la historia y belleza que la rodea. No es cosa baladí ser Patrimonio de la Humanidad, ni estar a las puertas de celebrar un periódico centenario, ni tener una posición privilegiada en la geografía nacional. 
 
Así está llenándose de turismo nacional y extranjero. Pues además de mostrarles tanta riqueza patrimonial, intentemos ofrecer una ciudad limpia que de gusto pasear pos sus calles y disfrutar de cada uno de sus bellos rincones.