Seguimos sin aprender. Mejor dicho, sin ponernos de acuerdo ni preocuparnos de las actividades que pueden tener coincidencia de fecha. Ocurrió el pasado sábado, y todas ellas quedaron con ganas de público. A excepción del León del Año, que en esta edición hubo dos, no sé si fue por adquirir fortaleza o prestigio o por ir estos dos nombres unidos al soberbio proyecto de Patrimonio de la Humanidad. Y me parece que no cometo falta al emplear la palabra proyecto, aún queda mucho por hacer. Pero es de justicia reseñar que fue un acierto todos los actos programados, desde el institucional en el Salón del Ayuntamiento hasta la comida de convivencia magníficamente servida. Enhorabuena a los homenajeados el señor Alcalde y don Bartolomé Ruiz. 
 
En cambio, programar cualquier actividad que necesite para obtener un modesto éxito un número considerable de asistentes, hay que trabajar mucho; lo digo desde la experiencia y, cada día cuesta más porque estamos muy relajados y los fines de semana, deseosos de hacer lo que nos venga en gana sin que se nos importune. Pero también ocurre que cada acontecimiento lo dejamos un poco a la suerte, y me parece que no se hace la publicidad que requiere en estos tiempos tan relajados, que vamos de pasotas, aunque nos neguemos a admitirlo, y que además tenemos que pagar un poquito cuando nos acostumbraron a tenerlo todo gratis en tiempos de mayor abundancia.
 
Tenemos la suerte de tener muchos medios en Antequera para conseguir una publicidad que llegue a cualquier rincón de la ciudad. Si la obra de teatro viene de Humilladero, a beneficio del cáncer, y Mollina se entera y acude a la representación. ¿Por qué Antequera no responde? Estoy convencida que es falta de información, pocas personas hacen oídos sordos a pasar un rato agradable y si encima es por una buena causa como es el caso del cáncer, ni se duda. Lástima la desilusión de los actores al ver tantas butacas vacías y muchas horas de trabajo hasta subir al escenario.