Se publicó en el ABC de Sevilla alertando que la plataforma stop sucesiones no estaba tras la convocatoria vía móvil del pasado día 21. Habría que preguntarse quién lanza este tipo de mensajes con la clara intención de hacer daño, porque no cabe la menor duda que el difundir una falsa noticia conlleva alguna intencionalidad; aunque sea simplemente para que la prensa difunda el fracaso de la manifestación con fines partidistas y tantos a favor de quien mantiene el impuesto más abusivo en todo el territorio español. Y por mucho que desde la administración pública repita hasta la saciedad que éste impuesto apenas repercute en la arcas públicas,  el abuso de poder de la Junta es bastante cuestionable. 
 
Ocurre que no es el momento de pensar detenidamente en la ciudadanía. Las cabezas políticas de Andalucía andan revueltas, después de llevar cuarenta años sin sobresaltos, y lo curioso es que éstos no vienen de adversarios distintos con distintas formaciones políticas. Éste es el más claro ejemplo del enemigo en casa, y hay que poner toda la carne en el asador para frenar el avance de un PSOE de militancia que puede borrar del mapa lo que entendemos hasta ahora por un PSOE moderado de alternancia en el gobierno y  gran mayoría social.
 
Pero la Gestora de Javier Fernández no quiere o no puede frenar a un Pedro Sánchez eufórico recibiendo aplausos y dineros acentuando la brecha entre las distintas corrientes.  Paxti López da la impresión que tiene poco que hacer y menos que jugarse. En cambio, Susana puede ser la libradora de la batalla, necesita todo el tiempo para rascar votos hasta debajo de las piedras, y ningún asunto por importante que sea la va a despistar de su camino trazado. Primero la ambición personal, si queda algo los problemas de Andalucía y, si encima, éstos vienen de un colectivo que le da la espaldas a la hora de las elecciones. 
Se aguantan y pagan, lo dejó ella bien dicho en televisión. Se puede hacer mucho daño y cambiar insistiendo y si no, un claro ejemplo está en los estibadores. No es cuestión de imitarlos, pero sí exigir los mismos derechos que cualquier otro español.