Nos tocó llorar y vivir hace algunos días. Ángel se despidió como vivió, llenando espacios y haciendo la crónica de su marcha. ÉL y sólo él congregó a tanta gente que fuimos a darle el adiós temporal los que estamos convencidos de que hay otra vida para los cristianos fieles al Maestro y a su doctrina. Y Ángel era temeroso de Dios, cumplidor con la Iglesia y hombre de fe. Así que  está gozando plenamente en el Paraíso. Pero yo voy a volver la vista atrás y recuerdo unas empinadas escaleras en la calle Cantareros donde conocí a Ángel, veníamos de Mollina en un Land Rover, mi padre y algunos de mis hermanos y el premio por portarnos bien, era un pastel en La Mallorquina. Sé que Ángel también tuvo mucho que ver en que mis padres se instalaran en Antequera y la estrecha relación que siempre mantuvo con mi progenitor. 
 
Así que la tarde que acudí al tanatorio y le di un abrazo a su familia, y en especial a su hijo Curro, se me iluminó el pensamiento hacia ese hombre que yacía rodeado de flores, condecoraciones y agradecimientos. Y sobre el cristal de separación cada lágrima de Curro le iba diciendo, papá vete tranquilo que te queremos mucho, que has ido un padre excepcional, que nos has enseñado a ser personas cabales y trabajadores, pero sobretodo amar a nuestro alrededor.  El reloj de la muerte se ha parado, pero vives en todo cuanto Antequera respira, la voz, la crónica, fotos, entrevistas a cuantos famosos nos han visitado, presentaciones, todo cuanto había que saber de esta ciudad. 
 
Tu aprecio sincero a los colaboradores de este periódico que te daba y quitaba vida al mismo tiempo. Los más técnicos, sensatos, soñadores y los inconformistas, como Luisa, como tú, que queríais contar la desnudez de esta bella ciudad que no se atrevían a ver muchos conciudadanos. Y siempre jugando al equilibrio del sentir y saber para contar y del sentir y saber para callar. Tu jugaste a dar vida; a extraer cuanto de hermosura ofrecía Antequera, y te llevaste en el corazón todos los silencios y estampas negativas que podían afearla. Siempre vivir para contar belleza, fe, deportes, cofradías, el lugar de la noticia podía ser cualquiera. El cronista sólo Ángel que desde el cielo ya habrá mandado las páginas de opinión celestial. Y son las más bellas que han salido de tus manos. Un placer haberte tenido  de jefe.