Conocí a Alfredo Sotelo hace bastantes años y debo admitir que siempre que coincido con él me da alegría, es de una amabilidad enorme y dispuesto a estar donde se le necesita. Como presidente de la Agrupación de Fotógrafos de Antequera, ejerce una gran influencia en esta ciudad, sus trabajos minuciosos, creativos y altruistas han llenado, y seguirán haciéndolo, salas de exposiciones y cualquier lugar donde se pueda apreciar el arte. La última exposición, los rostros de la diversidad, es bellísima. Muchas nacionalidades están representadas, y aunque alguna muestre un matiz diferente, la mayoría reflejan con bastante acierto un poco de la vida interior de los fotografiados. Hay seriedad, melancolía, compenetración, amor y muchas sonrisas, sin olvidar esos niños que se sienten muy felices porque despiertan la admiración de quienes los observan, se hacen más visibles, su entorno crece y, probablemente también, su criterio, se afianza la personalidad. Ése es el misterio de la fotografía, volar sin alas, transmitir desde el silencio, ser fiel al color del mundo y cotejarlo y mimarlo con todos sus matices. ¡Qué fácil y al mismo tiempo tan complicado retratar la realidad tal cual es!

 

Ni que decir tiene que en esta tarea Alfredo no está solo. Le respalda un equipo muy bien cohesionado y pensando como el jefe. Estarán donde hagan falta. Tuve la ocasión de conversar con algunos el pasado día 7 en la inauguración con muy buena acogida de los participantes. Y la satisfacción y emociones contenidas de Antequera Acoge, acompañadas de su presidenta malagueña. Ha sido arduo el proceso hasta verlo hecho realidad, comenzaba el verano cuando se tuvo los primeros contactos con el presidente, pero la burocracia y la penuria económica que atravesamos fue dilatando el tiempo. Tal vez todo tenga su parte positiva porque dudo que pudiera haberse hecho mejor. Felicidades.