Hasta el Papa ha postergado su viaje a España al 2016. No es bueno para nadie que la fe se haga un hueco en medio de tantos votos, máxime cuando nuestro País se declara multiconfesional, o lo que es lo mismo a efectos prácticos, aconfesional y con poca cultura religiosa. Sabido es que se quiere reducir las clases de religión a 45 minutos semanales en Andalucía. Otra cosa son las manifestaciones populares religiosas. Pablo Iglesias no ha estado nada acertado cómo se atreve a decir que las imágenes de culto no van a visitar las calles, engalanarlas, recibir el aplauso de los suyos y llenar los bares del entorno. Fiesta y religión van unidas hasta la eternidad, y el sentimiento que a cada cual produzca pertenece al campo de su intimidad y ningún político puede cortarlo.
 
Aquí cada uno trata de coger el tren del poder a su manera, sin dejar cabos sueltos que le puedan hacer pasar un mal trago. Parece que Susana Díaz habló con Felipe González y cada día le resulta menos llevadera la relación con Izquierda Unida porque sabe que la jugada de ajedrez que se disputa la dirección de partido socialista está de su parte. El rollo convincente de que Pedro Sánchez y ella van a portarse  bien es poco creíble.
 
No es los Eres lo que le preocupa a Susana, ni Izquierda Unida que nunca ha estado tan dócil como ahora, ni siquiera el secretario general de su partido que lo ve a medio hervor. Ni que pierdan el aforamiento algunos consejeros al disolver el parlamento, y por supuesto, tampoco le interesa Andalucía. No se entiende, que se exprese de una manera y piense de otra. ¿para quién quiere trabajar? ¿para los demás o por ella misma?
 
Ella sabrá lo que roe en su interior y las presiones que tiene para dar el gran salto. De momento todo lo que hay es una incógnita que el lunes 26 se despejará aún más, porque ya sabemos que habrá elecciones anticipadas y el tren de Susana comienza su andadura el 22 de mazo. Por bien de ella, no del País, que consiga llegar a su destino, si se queda a medias nuestra Comunidad sufrirá más y con una tasa de paro del 34% ¿qué nos quedará?