La entrega de las distinciones, en el bello marco de Santa María, fue, sin duda, la mejor de las que he asistido. Si siempre ha sido un acto muy emotivo y bien presentado, en estas circunstancias, superó todas las expectativas. Cabría comenzar por lo más simple como es la distribución de los asientos, separados, que permitían contemplar bien la presidencia y el atril de los oradores, comodidad, nada que ver con los insufribles bancos de San Juan de Dios, que con toda seguridad, fueron realizados para largas penitencias. 

El silencio, amenizado por una suave brisa, envolvía a los asistentes e hizo disfrutar de una temperatura deliciosa. Y la historia, de varios siglos, nos acogía en un bellísimo salón que permitía  soñar. Música, con notas de réquiem, para los que se fueron sin avivar y  abrazar. Y el protocolo, tan bien estudiado, que sin dejar nada al azar, no se apreció ningún signo de rigidez. Sigue faltando madurez, y en las cosas sencillas, todavía, sacamos a relucir la puñetería de la que hacemos gala. Las sensibilidades están a la vuelta de la esquina y los políticos, nos las recuerdan a todas horas. Por eso son tan nefastos. Pero que algunos servidores públicos, de nuestro ayuntamiento, no aplaudieran la gestión de un hospital, luchando con un poderoso bicho, de la mejor manera que han sabido, con errores, por supuesto, no se merecen que estén en primera línea defendiendo a nadie, el aplauso colectivo hace los corazones hermosos y grandes y querer enmudecer, en esos momentos, para dar paso a lo notoriedad, solo transmite un corazón mezquino. Si mi palabra sirviera de algo, propondría que quedara constancia del semblante de cada concejal en todos los actos oficiales de la legislatura. Se ahorraría el gasto de la campaña electoral, bastaría emitir en la tele local su andadura en la anterior. Y veríamos, bien, a dónde irían a parar los votos. 

Nos quedaremos con un alcalde que sabe estar y posee unas habilidades pedagógicas innnatas, y unos oradores que dieron pedigrí al acto. Según  uno de los asistentes, desplazado desde Madrid, dijo estar emocionado y maravillado, y que la ceremonia no tenía nada que envidiar a muchas de las que asiste con una representación de notables de este país. Antequera sabe hacer las cosas muy bien.