Si se hicieran encuestas sobre el grado de aceptación que tenemos la ciudadanía con el partido político más cercano a su ideal democrático, posiblemente los resultados estarían cada vez más alejados. El pueblo es democrático, los partidos lo son a medias.

 

Cuesta emitir el voto, aunque jaleemos y aplaudamos al líder de turno, sobre todo, porque entre ellos se están igualando para saltarse a la torera el principio democrático. Al consenso lo han mandado de paseo, y los fichajes quieren emular a los futbolistas, más caros, renombrados y con pedigrí. Se alteran las listas bajo “el yo mando” y las representaciones provinciales, que tanto empeño se tuvo en mantener y  parte de culpa de ello fue la ley D’hont, ahora se adormecen por las imposiciones de la dirección central. ¡Qué bien suena! Pero qué malos ejemplos se van a instalar en nuestra joven democracia. ¿Quién da más? parece un lema de mercado.

 

No nos quieren ofrecer la dedicación que nos merecemos. Anda muy alterados pensando que su contrincante político  lleva mejor cartel. Y mientras la pasividad nos ronda la cabeza con una pesadez inusual viendo como abusan de nuestro conformismo. ¿Quiénes andan conformes? ¿Los que han recibido tantas promesas que es posible que no se materialicen?. La manifestación y el desahogo son pasos dados. Pero poco más, las encuestas se mantienen y la futura gobernabilidad está lejos de ser un realidad a corto plazo. Abascal quiere armas. Podemos una jueza. El PSOE enfrentamiento con Andalucía.

 

Ciudadanos pasos atrás y PP renovación según Casado.Y en nuestra ciudad el señor Barón repite. Me congratulo por ello. Falta saber la composición de su equipo. Se oye de todo. ¡Ojalá que algún nombre de los que suenan en la calle se quede en susurro!La única certeza es que los Torrás y sus secuaces deben tomar nota de lo que está ocurriendo con el Brexit. No tienen nada fácil su reconocimiento en Europa y tampoco dentro de España. Si siguen provocando van a hacer sufrir a muchos de los que noblemente creen que su proyecto es viable. Teatro de amarillo, como dice la leyenda,  que tan malas consecuencias tuvo para Molière. La única certeza es que votamos. ¿Méritos que nos empuje al entusiasmo por alguno de los partidos? Reducidos.