Puedo escribir mil cosas, sensaciones o la tristeza que embriaga estos días los pensamientos y los ojos, pero prefiero quedarme y escribir de lo bueno, lo afortunada que soy, que somos, todos aquellos a los que Agustín rodeó de alegría, sencillez, humildad y valentía.

Seguramente, igual que yo ahora, seamos muchos los que echamos la mirada atrás para encontrarnos con el profe de baloncesto. ¡Mira que era mala con el balón! Pero jamás me dejó atrás, era una más. Cómo olvidar los sábados por la mañana, con el sonido del balón y la fuerte voz de Agustín dándonos instrucciones. Afortunadas fuimos cuando lo tuvimos de “profe” de prácticas. En mi memoria está el enorme cartel de Fido Dido que dibujó con las reglas de la clase, marcándonos siempre lo que debe ser una persona, reglas que ha mantenido siempre con sus alumnos.

He podido seguir contando con él como un maestro que nunca dejaba de serlo ya fuera en la calle, con sus amigos, familia o su club de baloncesto. ¡Echaré de menos esos mensajes pidiéndote algo y tú raudo  siempre dando una respuesta! ¿A dónde te los mando ahora Agu?

Dije que sería esta una columna alegre, porque debe ser así, esa esperanza que nos empeñábamos en decirte, sigue intacta, porque ahora la verdadera esperanza llega en la resurrección.Querido Agu, ya sabes lo que te echan de menos todos, pero quería decirte que tus “niños” de baloncesto están destrozados, permíteme que les explique lo que es esto con esta canción: “Tú me enseñaste a volar con alas de pajarillo, cuando no era más que un niño sin miedo a la libertad. No envejecerás jamás, amigo, hermano, maestro, siempre con un Padrenuestro en boca de algún chaval. Te han robado el corazón los muchachos en la escuela, ellos pasan tú te quedas, algo de ti llevarán... tú me enseñaste a volar”. ¡Ahora, te toca volar a ti!