El autor malagueño Javier Castillo da nombre a una de sus novelas con este título que, con su permiso, me apropio para dar nombre a estas letras con las que abro mi particular 2021.

‘El día que se perdió la cordura’ perfectamente podría ser el titular que podía haber abierto cientos de periódicos, noticias televisivas y radiofónicas en referencia a lo sucedido en el Capitolio. Y es que parece sacado de un auténtico taquillazo del cine americano esa entrada de cientos de personas a un lugar, que pensamos era complicado entrar, visto lo visto, parece ser más sencillo que en las películas.

Pero no me quiero centrar en este suceso, si no en algo que trasciende más allá y que lleva años ocurriendo en nuestra sociedad, una sociedad que cada vez está menos cuerda.

Como marca la Real Academia Española de la Lengua, cordura, se define como: prudencia, sensatez, buen juicio. Algo, que hoy falta en todos lados, porque hemos dejado de ser prudentes, hemos dejado de ser sensatos y hemos dejado de tener buen juicio. ¿Y por qué? Yo me inclino a pensar que nos hemos dejado arrastrar por el individualismo y la supremacía humana para hacer prevalecer nuestro yo en todos los sentidos posibles y con ello, nos hemos dejado empujar al fango de la inexistencia de lo plural, lo enriquecedor de un buen diálogo y lo sano de encontrar un punto de conexión entre dos ideas contrarias.

Dice el autor Bret  Easton Ellis en ‘Suites imperiales’ que “siempre existe la posibilidad de que ocurra algo aterrador, y normalmente ocurre”. Normalmente yo pensaba que esto pasaba porque había algo en el ser humano que irremediablemente, le empujaba a hacer algo horrible; siempre intentaba exculpar a todos, buscando esa causa. Pero, hoy lo uno a esa falta de cordura que es más contagiosa que el propio coronavirus.