A partir de 1970 es cuando la obra de Carlos Edmundo de Ory comienza a ser conocida y reconocida en España. Afirma Juan Vicente Piqueras que Carlos es “el Papa Luna de nuestra poesía. Es el Sumo Pontífice: No puede equivocarse. Porque a fuerza de exilio y de ternura, de delirio y de asombro, se ha ganado el raro privilegio de poder escribir lo que le dé la gana sin mentir ni dejar de ser jamás poeta auténtico. No es poeta porque escribe magnífica poesía, sino porque la vive, porque lo es. No hay otro como él. Es el santo patrón de los poetas idos”.

 

Eduardo Chicharro, que exige el requisito de la musicalidad para ser poeta y que reconoce que Carlos la tiene, se atreve a decir: “No llego a la imprudencia de calificar a Carlos Edmundo de Ory como el mejor poeta de España o del mundo, pero lo que sí digo pataleando en el suelo como un chico que ha cogido una perra es que desde mis tiernos, verdes y retoñados años hasta el actual momento en que gasto alguna que otra cana, jamás vi a un hombre tan endiabladamente capacitado para jugar con las más insospechadas y valiosas gamas musicales en lo que con el idioma castellano se puede hacer. Hay versos suyos que son, no sé, como columpios; otros, como trenzas musicales; otros son surtidores; otros, raros brazos de inusitadas máquinas que apalean, batanean o vapulean. Pero son también animales y plantas y otros seres inanimados, aunque siempre provistos de movimiento”. Y de su prosa afirma: “Cuando hace prosa, no es ni virtuoso ni un técnico. Es un demonio, de tan ser humano y, aún así, logra evadirse de lo humano. Su prosa tiene indudablemente los peculiares fallos que tuvo siempre aun de los más grandes poetas. Pero no siempre, pues muchos de ellos fueron buenos prosistas, teniendo que advertir que estos últimos nunca fueron grandes poetas. Algo que arde, algo que sufre y goza a un tiempo, algo que, aun en un plan de elevación etérea e incompacta, se sume en oquedades profundas y sonoras pobladas ya como de mundos anteriores, algo que no es para expresarlo sino para visto u oído, es la prosa de este nuevo poeta”.

Los estudiosos de Carlos Edmundo de Ory señalan tres grandes momentos en su poesía: El Postismo, el Introrrealismo y el que corresponde al Atelier de Poesie Ouverte, contando en cada uno de ellos con una abundante producción poética, también teórica y crítica, a partir de la cual fundamenta su actividad creativa.

El Postismo hace su entrada pública en el año 1945 de la mano de Eduardo Chicharro, Carlos Edmundo de Ory y Silvano Sernesi con la revista Postismo. En esta revista se incluían artículos en los que se criticaban los fenómenos vanguardistas y algunas obras originales, apareció el Primer Manifiesto que pretendía ser un estudio del fenómeno creador. Es un movimiento que viene después de los “-ismos” y se define como:

“El resultado de un movimiento profundo y semiconfuso de resortes del subconsciente tocados por nosotros en sincronía o indirecta memoria con elementos sensoriales del mundo exterior, por cuya función o ejercicio la imaginación, exaltada automáticamente, pero siempre con alegría, queda captada para proporcionar la sensación de la belleza o la belleza misma, contenida en normas técnicas controladas y de índole tal que ninguna clase de prejuicios o miramientos cívicos, históricos o académicos puedan cohibir el impulso imaginativo”.

De esta definición se infieren los siguientes rasgos distintivos: Supremacía de la imaginación que depende del subconsciente y la razón. Utilización de materiales sensoriales. Carácter lúdico, dionisiaco y humorístico. Control técnico que incluye la exploración de las posibilidades del lenguaje. Y voluntad de destruir prejuicios.

Un año mas tarde, en 1956, sale un Segundo Manifiesto en la Estafeta Literaria de Madrid en la que se contesta a las críticas que se hicieron al Postismo y trata de definir la originalidad del Postismo con respecto a otros movimientos de vanguardia. Se señalan las relaciones que tienen con el surrealismo: “...del surrealismo nace hoy en España, única esperanza y suma liberación de este pobre mundo de cotorras cantantes, pintamonas y pensadores breves, el Postismo”.

Cuando se les critica por su falta de originalidad, contestan que el Postismo: “No pretende inventar una estética sin raíces en el pasado, sino que se limita a descubrir un mundo que ya estaba en la tradición: en Quevedo, en Brueghel y en el Bosco”.

En un Tercer Manifiesto, en el año 1947 en La Hora, se hace una valoración del movimiento y se define en relación con otras tendencias de vanguardia y aparece su intención de proyectarse socialmente, claro antecedente de lo que después se llamó Poesía Social.

Para Carlos Edmundo de Ory, el Postismo marcó el comienzo de una aventura en la que se exploran los límites de la realidad y del lenguaje.

En definitiva, el Postismo se propuso desmontar el aparato lógico de una realidad fuertemente construida en el lenguaje, tendió a la creación de un universo estético coherente como transposición de una situación que se presentaba bajo el signo de lo imposible, absurdo o falta de porvenir. El Postismo expresó una visión del mundo de un sector marginado de la sociedad española que pudo cumplir una misión agitadora en el arte y en la literatura española.

Hay un Cuarto Manifiesto que refleja el reconocimiento del fracaso, la confirmación del éxito en el proceso de marginación a que se vio sometido el Postismo y la no resignación de sus creadores.

En 1951 con la publicación de “Nuestro tiempo: poesía. Nuestro tiempo: pintura” Ory, junto con el pintor Darío Suro, inicia una nueva vanguardia que se llamó Introrrealismo.

En 1968, con la Revue de la Maison de la Culture de Amiens, aparece A.P.O. que se convierte en el más importante foco de información ya que sirvió como vehículo de expresión del quehacer teórico de Ory en este momento. 

Como queda demostrado, Andalucía, y siento que este artículo se publique poco después de nuestra fiesta autonómica, también tuvo su –ISMO: El POSTISMO.