Nunca viene mal hacer un poco de autocrítica. De vez en cuando hay que mirarse al espejo y tomar decisiones. Algo que le vendría a las mil maravillas a la Selección Española antes de afrontar el próximo lunes su último partido de la fase de grupos frente a Marruecos. Sin sacar culpables. Solo analizando desde una perspectiva sosegada y distendida los dos primeros partidos disputados en este comienzo de Rusia 2018 para sacar conclusiones.

La Selección no había ganado el Mundial después del 3-3 ante la Portugal de Cristiano que dejó un cúmulo de sensaciones positivas en todo el país. Tampoco es que se aproxime el ‘Apocalipsis’ por las dudas, el mal juego en defensa y los apuros ante Irán para que Costa consiguiera un gol milagroso de carambola que valió los tres puntos. No se trata de eso. 

El fútbol moderno, el de los contratos millonarios, ha evolucionado muchísimo en la última década. Ahora, y lo digo porque es la era que me ha tocado vivir, la tecnología, los sistemas de juego, el grado de conocimiento del rival ha provocado que esa tendencia regular que había anteriormente de diferenciar entre países ‘pequeños y grandes’ se haya matizado mucho. Todo aficionado al fútbol se habrá dado cuenta. Brasil empató con Suiza, Alemania perdió con México y España casi se estrella con Irán.

Sinceramente, creo que el problema es que en España somos muy ‘Quijotes’. Tan ilusos que tendemos a olvidarnos de la competencia y vernos campeones al momento. Y luego pasa lo que pasa.La Selección necesita cambios. Iniesta está para jugar, sí pero 30 minutos. La combinación Isco, Silva es buena, pero Asensio rinde más de inicio. Carvajal viene de una lesión. Koke está para ser titular. Hay algo claro. El camino hacia la victoria pasa por jugar mejor y es evidente que en el banquillo están las soluciones a esos problemas, pero eso tiene que verlo Hierro.