Hola, soy yo. No sé si me recordarán. Hace mucho que no escribo por aquí, una columna de opinión quiero decir, y la vida sin embargo sigue pasando. Queramos o no.Vuelvo a estas líneas sin recordar de qué les hablé la última vez. Quizá del nuevo iPhone o de cómo el país luchaba por mantenerse en pie con la infinita guerra de derecha e izquierda. No lo sé. Pero hoy no vengo a hablar de eso, vengo a contarles un poco de mí.

 

Ahora, con la distancia del tiempo, les digo lo bonito que está siendo este verano. Sí. Gran parte de mis vacaciones ya pasaron, aunque aún queden por delante varios meses de calor. He estado en la playa de tal o cual sitio. También en Barcelona, una ciudad maravillosa y con mucho por ver y descubrir. He pasado tiempo con amigos y familia. Pero, sobre todo, he pasado tiempo conmigo mismo.

 

He aprendido a que las amistades hay que valorarlas siempre y guardar parte de tu tiempo para quererlas, escucharlas y vivir nuevas experiencias. Esas amistades, junto a la familia, son los pilares sobre los que se fundamenta la vida. Siempre lo he creído y siempre lo creeré.

 

Por supuesto, también debemos tener tiempo para nosotros. Sin miedo a la soledad. Conocernos mejor requiere del valor de querer hacerlo. A veces… a veces no tenemos tiempo ni para eso.Comprender cada paso que damos, por qué hacemos una u otra cosa, entender cómo actuamos en cada situación. Todo ello, para alcanzar un fin: ser feliz.

 

Y para ser feliz, es necesario cumplir varias premisas, que no son otras que tener al lado a la gente que te quiere… y quererte a ti mismo. Eso sí, sin depender exclusivamente de una persona sobre la que gire nuestra vida. Si eso pasa, algo hay que cambiar. Valora, aprende, comparte y, siempre, quédate con lo bueno. Lo malo ya está olvidado.