Cuentan desde el cielo, que San Pedro se encuentra algo confuso. Desde hace cuatro años se encuentra por allí alguien que después de dejar su huella imborrable tras el tránsito por estas tierras, y tras unos días de adaptación y con las consiguientes presentaciones y encuentros pospuestos durante mucho tiempo, fundó un periódico para contar las noticias que surgían por esos lares. Porque no se crean que en el cielo no hay noticias; que las hay. 

Una de las líneas editoriales con más éxito es la que mantiene informados a todos los habitantes de la actualidad terrenal, ya que, a través de artículos, reportajes y editoriales, se cuentan en tono jocoso todas las aventuras y desventuras que ocurren por aquí abajo. Lo que más llama la atención es el inagotable afán de riqueza y poder que campan por la tierra, teniendo en cuenta que al final el destino es igual para ricos y pobres, para reyes y súbditos, para caballeros y lacayos… Y claro, como no puede ser de otro modo, provoca cierta “risa tonta” entre los habitantes celestiales e incluso ya ha salido a relucir más de una vez en las tertulias televisadas, que también las hay. No crean ustedes que se van a librar tan fácilmente de ese tipo de espectáculo.

Pero lo que más intriga al bueno de San Pedro, es la alianza que se ha producido entre el fundador del mencionado periódico, que no lo había dicho, se llama Ángel y un nuevo inquilino celestial llamado Juan. Se han hecho de un balcón en primera línea de cielo; y desde allí se pasan el día y también la noche observando a otros dos individuos que se pasan el día procurando mantener inalterable su memoria.

¡Ángel! –comentaba Juan hace unos días–, pues no he visto a uno de estos dos haciendo vídeos nocturnos en una ciudad vacía para luego enseñarlos por ahí. Déjalo Juan –contestó Ángel–, a ese de la cámara lo conozco muy bien y es capaz de sacar una noticia a doble columna de ese vídeo. Pero mira el otro elemento. Ahora le ha dado por querer llevar la lectura a todos los rincones de esa ciudad. Están como cabras.

Y así pasan el tiempo Ángel y Juan. Mirando y cuidando a dos locos y sus familias. Pero eso sí. Los domingos siempre desvían su mirada a San Mamés a ver si de una vez por todas el Athletic de Bilbao vuelve por sus fueros de antaño y levanta de una vez alguna copa. Bueno. Termino esta crónica con la seguridad de que tanto Ángel como Juan están felices y que seguirán cuidando a los suyos. Un beso para los dos.