La imagen siempre estuvo presente en nuestra sociedad como algo que nos ayudaría a comprender y aprender los significados y estructuras de la vida. La hemos visto siempre asociada en nuestro aprendizaje, una casa, nos decía acerca de la letra C. Así mismo, un pueblo, nos definiría la P. Y hoy, aquí, yo les quiero llevar a otra definición, aquella que nos proporciona nuestro pelo.  Qué duda cabe que, a medida que crecemos y maduramos, nuestra imagen va cambiando, el pelo toma su importancia. Y esto se hace más patente, cuando nos fijamos en la fotografía del DNI, o en el retrato que aparece en el espejo de nuestro peluquero.

 

En la búsqueda del reforzamiento de nuestro perfil, los jóvenes intentan captar o copiar los cortes de pelo y peinados de personajes famosos del deporte y la elite de la sociedad. Aparecen las modas. Una de ellas nos dice que, para parecer más altos y esbeltos hay que rapar los laterales de la cabeza y dejar un buen mechón de pelo desde la frente hasta el cuello. ¡Vaya… miren, la estampa que a mí me deja, la figura que aparece en mis fotografías, realizadas al despojarme del casco de ciclismo, no concuerda con ésta premisa! Deba ser, porque como ando más delgado de la media, en las personas de mi edad, el pelo se ha empeñado en no crear volumen “arriba” y sí crecer más y hacer bulto en los laterales. Una de dos, o cuando dejo crecer algo el pelo, entro en discordancia con la moda, o me rapo la testa a lo Yul Brynner, con lo cual entro en discordia con la asesora particular de imagen, en casa.En la mítica película, Los Diez Mandamientos, Yul Brynner nos interpreta a Ramsés II, faraón que reinó desde el 1279 a. C. hasta 1213 a. C.

 

Por este tiempo, el pelo ya constituía un motivo muy a tener en cuenta, en la alta sociedad Egipcia. Fueron los egipcios unas personas que incluso rasuraban el pelo de todo su cuerpo. Y ahí les quiero dejar personalmente, otra complicada experiencia. En ciclismo, por higiene y prevención en las posibles heridas producto de alguna caída, siempre fue costumbre la depilación de las piernas. Pero he ahí, que en fechas donde hubo la necesidad de realizar prácticas por algún miembro de la familia, no conformes con solo las piernas decidieron agrandar la parcela de trabajo… cierto es que, como me decían, con el habito llega la comodidad, la higiene corporal mejora, incluso se puede reducir el uso de los desodorantes. Personalmente he llegado a quedarme dormido mientras realizaban las propias tareas de enceramiento del pecho, aunque parezca increíble.

 

Eso sí, la “asesoría” de imagen no quedando ya conforme con lo conseguido, que no fue poco, siguió insistiendo en ello y se pasó a las orejas, las cejas… ¡los huecos de la nariz! ¡No! Ufff… aquí sí que no hay manera de relajación, ni de acostumbrarse. Cada vez que la asesora del reino de Barataria, se empeña en la mejora del perfil, las piernas tiemblan, el pecho suda, la nariz sufre y las lágrimas hacen su aparición. Me dicen que así mejora incluso la humedad ocular, tan defenestrada tras kilómetros de pedaleo y tiempo mirando Internet. Nadie es perfecto, nos decía el conquistador de Daphné (Jack Lemmon), en: Con Faldas y a lo Loco.

 

Y ello es bien visible, cuando al hacer uso de la piscina municipal cubierta, se ha de observar la regla del uso de gorro, para evitar que el pelo pueda “ensuciar” el agua de la misma. Y yo me pregunto ¿Qué hay de la barba con pelo? Tan de moda en el hombre últimamente, por no hablar del resto del cuerpo.