En estos días de confinamiento, afectados de alguna manera por la nostalgia y por qué no, en la oportunidad de amparar nuestras esperanzas en las letras de canciones casi olvidadas, me venían a la mente, desde un lejano 1967, cuando solo era niño… éstas tres palabras: Salud, dinero y amor. 

Los Stop y Cristina, pude averiguar después, fueron los que pusieron en moda, estas tres cosas, como motivos más que suficientes para llenar toda una vida. Para colmar a los más exigentes de todo lo necesario para ser feliz. Y yo pienso que ahora medio siglo largo, después, podemos cuestionarnos y reflexionar seriamente sobre este triángulo de necesidades, con los cuales, si tenemos la fortuna de encontrarlos, nos podemos dar por satisfechos.

Con los singulares e imborrables acontecimientos, que nos ha tocado vivir en los últimos tres meses, el pensamiento, dado el tiempo que para ello hemos tenido, nos ha dado pábulo, para escribir artículos y novelas si se atreven. Digamos que la salud, es evidente, ha tomado la delantera de entre ellos tres asuntos. Preservar nuestra integridad y la de nuestro entorno, se convirtió en el objetivo esencial. 

Pero no es menos cierto que el dinero, del cual se dice, no otorgar la felicidad… también tomó su importancia. Nos decía Cristina, entre sones de la canción: “la salud y la platita, que no la tire, que no la tire”. 

Y de ahí, siguiendo siempre, en la prosa de la pegadiza canción, ésta nos confirmaba lo ya cantado… “eso es verdad, eso conviene… porque el que guarda, siempre tiene…”. Y a renglón seguido le entra a la tercera palabra, el amor. “El que tenga un amor, que lo cuide, que lo cuide…” ¡Ay!, ¡El Amor!  Inmersos en controversias, en dimes y diretes, diarios con referencias a políticas de muy diverso calado, unas veces con las economías, como fondo y otras con las delimitaciones de condados, reinos y nacionalidades, como si fuésemos señores feudales en la propia Edad Media. El amor, les decía, se nos había olvidado. Inclusive el amor pasional y aquel que nos lleva, por la resolución física a la reproducción y al mantenimiento de la especie, estaba quedándose desfasado. 

Las prisas por ganar, por tener, por poseer, por mantener un porte social… más alto, ganaban la partida. Llegando incluso a endeudarnos, sin contar, ni tener en cuenta, aquello que a mí de pequeño, me inculcaron y me hicieron comprender de su importancia. “El que guarda, siempre tiene”.

La situación social que estamos viviendo, ha venido a dejar bien claro, que estos tres conceptos, que habíamos olvidado. Que teníamos trasmutados, transferidos, resumidos y simplificados en uno solo: Estatus social. Imagen y apariencia. Esto ha sido o habíamos vislumbrado como, el nuevo “tesoro”, del siglo XXI y es por ello que nuestros esfuerzos, nuestro tiempo, siempre nos resultaban escasos, poco lo alcanzado, al final de cada jornada. Todo por conseguir mejorar la percepción social, que de nosotros pudiera darse. 

La realidad ha sido que, hemos terminado añorando… nos complacía y llenaba de esperanza, el comprobar cada tarde, cuando aplaudimos a las personas que nos ayudan, a conseguirla. Que salud, dinero y amor, se pueden resumir en la primera palabra. Sin ella, no hay posibilidad de fomentar negocios, ni mantener trabajos que nos proporcionen la segunda. Y la tercera, el amor, también nos fue cercenado, al no poder tener a nuestros seres queridos cerca, al no poder abrazarlos. No. La felicidad no está en tomar unas cervezas, acomodados, bien pertrechados en… alguna terraza. La salud, ante todo, debe ser respetada, cuidada. Más si cabe en momentos en los que ésta, anda aún en paños menores.