De vuelta, tras mi participación en un Campeonato Nacional de BTT celebrado en la Sierra Norte de Madrid, cruzando la Mancha, la hora del almuerzo se nos hizo tan palmaria, como escaso de montañas quedose el horizonte, mi estómago eso me advertía y haciendo caso de los buenos consejos que Sancho daba a su Señor Caballero de la Triste Figura: “Tripas llevan pies, que no pies a tripas” o lo que es lo mismo, con estómago vacío no es posible el pedaleo. Ni tampoco al viajero, seguir el camino haciendo caso omiso del ventero y sus apetecibles viandas.

 

Más, conociendo del gusto y placer, el de mi compañera, la bicicleta no, la otra, Dulcinea, la más bella señora que mis ojos pudieran ver comiendo pisto manchego… Y dado que viajábamos en ese momento por las cercanías del llamado lugar de Puerto Lápice, decido dar veracidad al hecho del cual no puedo quitarle la razón, pues mismamente profeso gran adoración al plato que con tomates, pimientos, calabacines… y coronada su presentación con un par de huevos fritos, junto con el pan de la mi ración, que al final faltome para terminar su deglución, teniendo muy en cuenta que sitio había de quedar, para el segundo plato ya mencionado del Guiso de las Bodas de Camacho.

 

Había solicitado éste otro plato, por la picadura de curiosidad que subiose a mis entendederas al leerlo en la carta. “Ave que no vuela, a la cazuela” fue la respuesta que me dijo el ventero. Personas enflaquecidas de poco peso… no muy capacitadas para la ingesta y el bocado, alcancé en mi adivino, habría de ser el pensamiento del posadero, dadas sus gesticuladas respuestas… han comido todo el pisto y el pan… no lograba entender que me las pudiera ver, con el contenido del Guiso de las Bodas de Camacho. Mas él, no se arreglaba en ver, las pedaladas que en mi cuerpo yo ya podría traer. Motivo por el cual, le rogaba a ser posible, repitiese la ración de pan y una copa del caldo manchego al que hacían alusión ensalzando su color rubí granate.

 

Gallina, cortada en pequeños trozos, rehogada, con el añadido de cebolla picada muy fina y harina, añadiendo vino y agua hasta cubrirla, en un mortero se machacan almendras, pan frito, azafrán, pimienta y nuez moscada, se agrega el mortero a la pepitoria y se cuece a fuego lento. Se acompaña el plato con unas albóndigas de pan rallado, huevo batido, picado de jamón y perejil. ¡Que se pare el tiempo!, la seguridad en que los invitados a las bodas del nombrado Camacho, quedaron satisfechos, me llega a la par que el agrado y deleite con la ingesta al completo, del menú.Antes de salir de la venta, mientras buscaban acomodo los alimentos en barriga propia, nada mejor que mantener una conversación con el Ingenioso Hidalgo, Caballero Andante, deshacedor de entuertos, auxilio sin duda alguna, de aquel menesteroso o menesterosa, que ha menester mi favor y ayuda, (texto capítulo IV Don Quijote de la Mancha). 

 

Ojos de sorpresa abiertos como bacinillas brillantes, me ponía el gran Caballero Andante de la Triste Figura, por más datos, también conocido. Cara escuálida y de tristeza, quedábasele al Hidalgo cuándo le contaba acerca de las pocas entendederas de la actual sociedad. Convertidos los caminos en carreteras, con fuertes y veloces carros para el desplazamiento. Pero no todo deba ser fuerza y dominio, me respondía. Como derrocha el león en sus aprovisionamientos del sustento, que con inteligencia, humildad, paciencia y buen hacer, la araña se las ingenia para tejer, un mundo de paciencia y espera hasta que sus presas le llegan ellas solas, en sus redes a caer, engrosando así sus reservas sin necesidad de tantas ostentaciones.