A principio de verano, en la búsqueda de algo nuevo que leer, acertaba en la compra de una novela escrita por una mujer. La mujer en sí, como parte del género humano, siempre ha estado en la punta de lanza en las conversaciones, acerca del amor. Pero digo haber acertado, por lo mucho aprendido en tan corta novela.

Cuando digo aprendido, me refiero al conocimiento de hechos, que en la historia de las personas quedaron ocultos, silenciados, restada importancia, sólo por el simple razonamiento de haber sido una mujer la que, en su momento desarrolló aquella o la otra filosofía, capacidad de pensamiento, o por la simple exposición de ideas propias.

Laura Más, joven periodista nacida en las Palmas de Gran Canaria, descubre un buen día, algo que nos dejó escrito Platón, en su diálogo “El Banquete”. En las letras que hasta nuestros días nos han llegado, se narra, se comentan, unas conversaciones en las que se debate un tema de muy amplia repercusión y de plena actualidad en aquellos y en éstos nuestros días, ¡el amor! Hay una frase en la cual Platón, explica que, en el momento en que Sócrates, habiendo tomado la palabra, comienza diciendo algo que sorprende y no poco, a quienes les escuchan atentamente. ¡Que todo lo que sabe del amor, se lo enseñó una mujer! Diotima de Mantinea.

“La maestra de Sócrates”. Éste es el título de la mencionada novela. Pero no voy a entrar en su contenido, como novela. Mejor les emplazo a que lo lean.  Alcanzado por la filosofía, llevado por el pensamiento, le voy a dar un giro a mis letras en estos desnudos renglones. Y que cada cual limpie su arroyo, que yo el mío me cuesta arduo trabajo, mantenerlo decente, sin lujo, pero con limpieza y aseo.

Que la mujer ha sido silenciada durante siglos, es algo que hoy así lo apreciamos. Y… aunque en los escritos y decisiones de los hombres, se hayan visto siempre reflejados la influencia y la genialidad femenina. No es justo que sus nombres, su historia, la relación con sus contemporáneos, fuese siempre acallada y usurpadas las actuaciones, intervenciones y decisiones, de Ellas.

La mujer sólo fue mencionada reconocida en el pensamiento del hombre, en los momentos en que la palabra amor llegaba al diálogo. Más, el amor no conoce de géneros y tampoco nos debemos dejar influir por la mucha tinta empleada, en lo que dicen fueron los argumentos y acciones, en los cuales en su día se inspiraron los seguidores de Eros, un daimón en el concepto Platónico, ya que el amor, es algo muy difícil de definir, pues el amor es un misterio y éste no emana de las cuerpos de las personas, tampoco de las cosas, sino de los ojos de quienes nos miran con amor.

Yo, hoy, humildemente, me voy a acercar a este concepto con otra palabra que también nos llevará, hará que tengamos que hacer uso del amor, para su aplicación: Empatía. Vivimos a mi parecer, excesivamente “preocupados” por denunciar, expresar, corregir, hacer ver a nuestros semejantes los fallos de nuestro prójimo. Pero yo me pregunto: ¿pensamos por qué nuestra compañera, nuestros vecinos… actúa, actúan en modo y manera? Nuestros amigos, los conciudadanos con los que a diario compartimos la vida, nuestro entorno, la ciudad, las administraciones. De lo que a diario oigo, observo que denunciamos lo mal que lo están haciendo…. Insisto, yo me pregunto: ¿Cómo lo estamos haciendo nosotros?  ¿Qué estoy haciendo yo para mejorar, para no caer, en esos errores, en esos fallos? Que la vida les atalante.