Yo, que desde estas líneas siempre he mostrado mi duda sobre si fomentar de modo tan evidente las terrazas de hostelería era el mejor modo de utilizar el suelo público urbano, en este particular momento de pandemia no me siento en capacidad de criticar, en modo alguno, la desmesurada hipertrofia que ha experimentado la superficie que se dedica a bares y restaurantes en nuestras calles.

Entre otras razones, porque, por mucho espacio que se esté empleando, lo cierto es que los ciudadanos están acogiendo la medida de modo tan fervoroso que no hay terraza que no se llene completamente. Si se respetan las medidas de seguridad y se toman cuantos preceptos son obligatorios, las terrazas no hacen sino canalizar los deseos de socialización y uso del espacio urbano que tanto hemos ansiado, sin excepción, durante el confinamiento.

Por ello, por sorprendente que parezca, yo no abogo por menos espacio de terrazas: abogo por más y mejor.

Por más espacio porque, manteniendo las mismas mesas, creo que cuanto más alejemos a las personas (no sólo cuando están sentadas, porque también es peligroso cuando se acercan unas a otras para ocupar las sillas o desplazarse), más seguridad anticontagios vamos a tener.

Y mejor espacio porque creo que el éxito de las terrazas responde a una necesidad tan humana como ciudadana: necesitamos vivir nuestros espacios públicos y socializar. Esta es la gran enseñanza que deberíamos aprender de este confinamiento: necesitamos pensar nuestro espacio público porque lo necesitamos más de lo que creemos. Debemos tener claro que necesitamos parques, espacios donde se pueda escuchar música en la calle, donde se puedan hacer concentraciones… y no sólo donde haya terrazas. Cuando todo esto pase, pensemos que podemos hacer mucho más. Mientras tanto, tenemos que pagar que nos hemos concentrado tanto los años pasados en no darle valor al suelo urbano que hemos diseñado y ordenado calles y plazas de modo que, prácticamente, el uso social único que permiten es instalar terrazas. Mejor ese que ninguno. Pero aprendamos para la próxima.