Aunque las lean días después, escribo estas líneas en la propia jornada electoral. Escribo en este momento, desconociendo pues el resultado de las elecciones, porque me parece justo el ejercicio de resaltar, pasada ya la campaña, los retos que en materia de urbanismo y patrimonio, nuestro gobierno municipal, sea el que sea, debe afrontar.

En materia de suelo, la legislatura va a ser efervescente: es necesario que desde la Junta de Andalucía se proclame una nueva LOUA, es decir, un nuevo marco normativo regulador para todos los procesos urbanísticos. La actualmente vigente es de 2002, ha sufrido multitud de retoques y adaptaciones, más o menos chuscas, y ya no aguanta más.

El anterior gobierno autonómico estaba trabajando para sustituirla, pero no le dio tiempo y, sin duda, el actual tendrá entre sus prioridades la promulgación de esta norma, tan determinante para nuestra región, nuestra economía y, por supuesto, nuestras ciudades.Cuando se promulgue, la “nueva LOUA” determinará directamente multitud de aspectos sobre la gestión de nuestra ciudad y creo que será especialmente relevante para la enorme cantidad de Suelo No Urbanizable  (rústico, si lo prefieren) del que disponemos, el cual, por cierto, está calificado como de especial protección en su mayor parte.

Toda la gestión urbanística deberá adaptarse a la nueva ley, tras casi dos décadas con el mismo marco regulador por lo que el nuevo equipo de gobierno tendrá ahí una importante tarea.En materia de patrimonio histórico, Antequera debe afrontar de una vez su incompleta regulación urbanística. El marco normativo regulador, el PEPRI, está vigente desde 1991, siendo innecesario recalcar que, tras el paso de casi tres décadas, cualquier norma que regule una materia tan sensible resulta muy poco eficiente.

El mayor riesgo es, sin duda alguna, conformarnos con un nuevo marco normativo insuficiente, de baja calidad o desconocedor de la especificidad de nuestro patrimonio.Y, evidentemente, queda el reto de qué hacer con el PGOU como plasmación de un modelo económico y urbanístico de ciudad que ya se considera inviable dado que su nacimiento se gestó con el espíritu de los años de bonanza inmobiliaria y confianza infinita en el ladrillo. 

Mientras leen estas líneas, casi una semana después de que fueran escritas, ustedes ya conocen cómo se conformará el gobierno municipal que deberá afrontar, según su ideario y posicionamiento político, todas estas tareas. Los técnicos solicitamos al gobierno que resulte elegido el rigor, la eficiencia y la claridad necesarios que posibiliten la mayor seguridad jurídica posible y guíen nuestra ciudad firmemente hacia la Antequera futura que democráticamente la mayoría haya deseado.