Esta semana he tenido el satisfactorio y enriquecedor honor de impartir una ponencia para la Cátedra de Mayores de Antequera, cuyo título ha sido “Los espacios verdes urbanos. El caso concreto de Antequera”.Esta semana he tenido el satisfactorio y enriquecedor honor de impartir una ponencia para la Cátedra de Mayores de Antequera, cuyo título ha sido “Los espacios verdes urbanos. El caso concreto de Antequera”.


En primer lugar, el actual concepto de “mayor” es bastante distante de lo que reside mayoritariamente en el subconsciente colectivo: tener más de 55 años (¡o de 65!) en vez de ser sinónimo de personas atentas sólo a tareas menores y con poca motivación, lo es de tener una independencia económica, de obligaciones familiares y de agenda que les hace estar interesados en multitud de temas diversos. Nuestros jubilados no son, en modo alguno, un conjunto pasivo o una carga sino, muy al contrario, un grupo que cada vez va a tener más peso en nuestra sociedad.En segundo lugar, son nuestros propios mayores quienes están reivindicando que se les tome en serio como colectivo presionando sobre diversos asuntos de manera extraordinariamente firme y respetuosa.


Dirigir unas palabras sobre urbanismo antequerano a personas mayores es una extraordinaria osadía: conocen la ciudad desde una perspectiva muy amplia y tienen una lúcida visión. Por ello, son uno de los colectivos más interesantes con los que colaborar para decidir sobre el futuro de nuestra ciudad.


El urbanismo actual, donde la participación ciudadana es la piedra angular de las decisiones, debe contar de modo firme con las personas de mayor experiencia de la ciudad y, para ello, es oportuno hacerles entender que, pese a que no se reconozca suficientemente, sus conocimientos, atesorados a lo largo de toda una vida, son valiosísimos tesoros con los que cimentar nuestro futuro.