Un velada mágica tuvo lugar, dentro del Festival Menga Stones, el pasado sábado, 22 de agosto, en el campo de los túmulos del Conjunto Arqueológico de los Dólmenes de Antequera. En el punto exacto entre el Dolmen de Menga y el de Viera, la excepcional pianista malagueña Paula Coronas interpretó, magistralmente, un concierto en el que estableció un paralelismo entre los grandes compositores españoles del siglo XX –Falla, Albéniz, Turina–, y los menos conocidos, pero igualmente interesantes, compositores malagueños de esa misma época –Ocón, Lehmberg Ruiz, del Campo–. De este modo, Paula Coronas rindió un homenaje a nuestra tierra y nos deleitó con su conocimiento de partituras no tan conocidas que, debido a su incesante labor investigadora, domina a la perfección.

El concierto se desarrolló, estratégicamente, a la caída del sol. De este modo, los 200 asistentes dieron la bienvenida a la noche guiados por las notas del piano, que fueron elegidas, específicamente para los diversos momentos, dada la enorme sensibilidad de la artista. A la increíble magia de la intérprete, –que sedujo desde los primeros acordes hasta el final del concierto–, se unió la del anochecer y la del indudable valor de nuestros monumentos más excepcionales.Fue todo un reto tanto para la artista como para la organización poder generar este clima de intimidad y cercanía pese a las enormes medidas de seguridad que se tomaron para prevenir el contagio de la Covid: un paulatino acceso al recinto, el consiguiente acomodamiento alargado en el tiempo, una separación entre asientos superior a la normativamente exigible, una delimitación de zonas de paso muy generosa para impedir cercanía interpersonal en los momentos de mayor riesgo y una constante llamada a la responsabilidad personal. 

El buen hacer de la intérprete, absolutamente pasional y, al mismo tiempo, extraordinariamente técnica sedujo a todo el público asistente –entre el que hubo destacadas personalidades–, y ofreció un concierto largo que se hizo cortísimo a todos los presentes.

En la Doctora Coronas, que mostró un afán didáctico y divulgativo, era palpable la emoción al interpretar cada pieza, -que explicaba y comentaba apasionadamente al público-, dejando entrever su labor profesional e investigadora. De hecho, forman parte del que es ya su decimotercer disco y dialogan con diversas reflexiones del que, en breves días, será su quinto libro.

El Conjunto Dolménico afrontó este reto organizativo en la era Covid con absoluto rigor. La escenografía, obligada por razones sanitarias, intentó explotar al máximo las características del excepcional enclave, generando, un tercer túmulo, esa vez “de luz” que ganaría presencia con el avance de la noche y se inundaría, en todo momento de la excepcional música. Una noche para el recuerdo de todos los asistentes.