Lo que se tiende a hacer no significa que sea lo que hay que hacer.

Estamos viendo cada vez más a menudo como actos y acciones que antes nos echábamos las manos a la cabeza, ahora lo vemos como normal o incluso las aplaudimos porque cada vez lo hace más gente.

A menudo tenemos conversaciones incoherentes por el miedo de quedar mal, por el miedo de caer mal o de ser "un carca".

Siempre se ha dicho que los católicos debemos ir a contracorriente y más en los tiempos que corren en los que el "agua" arrasa todo lo que pilla y no deja "títere con cabeza" –llámese valores, formas de vida o que cada cual haga su interpretación–. Ya lo decía el lema de la última Jornada Mundial de la Juventud "firmes en la fe"…así tenemos que estar… firmes en la fe y en lo que ello conlleva que es vivir de acuerdo con las creencias.

 

Siempre se ha dicho que los católicos debemos ir a contracorriente y más en los tiempos que corren en los que el "agua" arrasa todo...

 

De nada sirve darse golpes de pecho los domingos –y muy bueno que es por supuesto– si luego murmuramos, mentimos, somos desleales… Vamos a Misa e incluso comulgamos; pero vemos perfecto que nuestra colega se ha ido a vivir con el novio, que no será el definitivo porque no está muy convencida, ponemos mil barreras artificiales para no tener los hijos que nos harían los más felices del mundo… Tener una fe a medias, como una verdad a medias, no es nada; la fe nos lleva a darnos, a luchar por lo que creemos y a aguantar firmes lo que nos encontramos.

El ambiente es duro y a veces lo más fácil es dejarse llevar, pero tenemos que ser coherentes y pensar que si no estamos viviendo las cosas bien –que en el fondo todos sabemos cómo las hacemos– y encima abanderamos "la causa" estamos creando una "religión a la carta" que no nos lleva sino a separarnos más de la fe y vivir más como los animales y nuestras apetencias.