La noticia de renuncia del Santo Pontífice Benedicto XVI nos dejó con la boca abierta a más de una; llevaba siglos y siglos sin ocurrir que un Papa dejara de serlo en vida; y Benedicto XVI lo ha hecho.

Recuerdo cuando Juan Pablo II nos dejaba para "irse a la casa del Padre"; los jóvenes de aquel entonces nos quedamos un poco "huérfanos" en la Iglesia, pero Benedicto supo conquistarnos y adaptarse a nuestro lenguaje y formas de vida desde el primer momento.

Personalmente he tenido la suerte de compartir varias "citas con Benedicto". La primera fue en Colonia en la JMJ de 2005, donde el Papa se vio arropado de una manta de jóvenes venidos a Alemania desde todos los rincones del mundo. La segunda vez fue en Roma en 2006 en un encuentro de jóvenes universitarios donde Benedicto nos escuchó, nos habló y nos apoyó para seguir desde cerca a Cristo. A los pocos meses lo recibimos en Valencia en el Encuentro Mundial de las familias donde pude colaborar como voluntaria en la zona del Altar, teniendo la suerte de "ver" tan cerca cómo el Santo Padre celebraba Misa.

La verdad es que me considero una afortunada, porque cuando preparaba la boda le escribí, nos contestaron del Vaticano y fuimos a la Audiencia que hace el Papa de Recién Casados. Pensando que el día quedaría en eso, por la tarde al Papa le hacían un concierto privado con la Filarmónica China y cuál fue nuestra sorpresa que una hora antes del concierto nos llamaron para invitarnos. Cuando se iba del concierto se paró con nosotros en el pasillo, nos regaló unos Rosarios y nos dijo que rezaría por nosotros y por nuestra futura familia.

Después de ir a varias JMJs no pude disfrutar "in situ" de la JMJ de Madrid porque mi segundo hijo nació esos días. Desde luego que fue una gozada cómo se volcó España con Benedicto a pesar de los detractores; gracias a que la oración todo lo puede, salió todo perfecto, y lo más importante, los frutos espirituales que dieron y siguen dando.

Podría decir varias cosas más del Santo Padre, me quedo con agradecer todo lo que nos ha enseñado en su corto, pero importante y gran pontificado; desde su elevado nivel intelectual hasta su humildad y generosidad de servicio a la Iglesia y a todos los hombres.