No es raro el que escuchemos que en Kenia han matado a cien católicos, que en Kazajistán han quemado diez iglesias, que en India han matado a doscientos cristianos... a todos esto estamos "medio acostumbrados", pero estos casos tan atroces que son falta, al fin y al cabo, de libertad religiosa en esos países tan poco o nada democráticos, no son la única excepción para hablar de libertad religiosa. Al fin y al cabo en las sociedades democráticas modernas no somos tan respetuosos con el ejercicio de estas libertades como creemos serlo.

 

Estamos viendo casi a diario cómo se cuestiona la libertad religiosa y más si cabe la libertad de conciencia allí donde vivimos, y no hablo de países alejados, hablo de falta de libertad en España, en Andalucía o en Antequera: trabajamos donde te prohíben que tengas una Cruz o una imagen de la Virgen, vemos como rectores cierran capillas de universidades a las que acuden cientos de jóvenes a misa o a rezar. Ni que decir tiene el "papelón" que tienen el personal sanitario y farmacéuticos a quienes el derecho a la libertad de conciencia se les ve mermado casi a diario, pero no quiero entrar en este amplísimo pisoteo de libertad debido a la magnitud del tema: abortos, venta de píldoras del día después…

 

La fe religiosa –y su forma de vivirla– no puede reducirse al ámbito privado, es intrínseco, va en la forma de vida, de ser, de tratar, de actuar… No se puede reducir al ámbito privado o individual como si fuera un abrigo que se quita y se pone.

Sólo siendo coherentes con nuestro modo de obrar y nuestro modo de pensar seremos felices, debemos ser valientes en estos momentos de ruptura de valores y tener la fortaleza de vivir de acuerdo a como pensamos.