“No temas al otoño, amada mía, si ha venido, pues aunque caiga la flor queda la rama”.  

(Leopoldo Lugones, poeta)

Se miraron y en aquellas pupilas quedó todo dicho: ¡Vámonos a Septiembre, Agosto no es ya para nosotros! Y se marcharon al mes en el que todo termina o todo se reinicia.  Ellos, esta pareja, no se lo tomaron como si Septiembre fuera el titular de noticias trágicas, como la debacle  de algo que fue mejor, o tal vez  como esa rutina ramplona que ejercen los comentarios  de unos y otros de unas y otras.  Volvieron a Septiembre sin mirar atrás. Atrás, fue un Agosto lleno de mar y amigo, de espacios amplios de respirar  ampliamente, de una tímida salida a algún restaurante-terraza con vistas al aire libre. Todo bueno y algo azulado. Ellos no creen que la vuelta a la rutina deba de usar esa palabra,  Septiembre es algo que hay que vivir empezando conoriginalidad,  aunque sople el viento enjaulado en el zoo de la naturaleza o caigan las hojas con las primeras lluvias.

Arrastra Septiembre un peso, una temática de siglos, tal vez más manida de la cuenta. “Otro  mes más, otro Septiembre más”, sin que nadie se atreva a romper con esos moldes arcaicos. Ella y él,  más que romper, construirán sobre las rutinas, recorridos nuevos, y colgarán de los árboles de hoja caduca nuevas luces.  Ninguno de los dos hará caso de  los cambios emocionales  de la melancolía porque piensan bailar sobre los alféizares mojados por la esperada lluvia,  y darán largos paseos sobre esas hojas que forman  alfombra de aromas nuevos sin melancolías marchitas, 

Que nadie nos impida vivir de otra manera.  Así nuestros cuerpos se harán extensos  abarcando sin límites la inmensidad de lo que amamos.  Puede que algo o alguien  de color gris,  nos espere  al abrir la puerta de  este Septiembre, pero nosotros le daremos un color diferente para ahuyentar esos presagios funestos que algunos nos quieren vender en el mercadillo de todo a cien de la vida.