Los sonidos del silencio que no los de Simonand Gerfunkel,invaden la geografía cercana. “Hola oscuridad vieja amiga he venido a hablar contigo, hay  gente que oye sin escuchar...”. Sentencias escritas en frases cortas, en bromas que pretenden serlo, en memes imposibles de digerir,  en banderas atravesando la superficie helada de la meseta de los pensamientos. Dogmas que se adoptan a pie juntillas.   

Murmullos a voces que atoran los desvaríos y transforman el miedo en golpes de perplejidad traducida al lenguaje de los signos para que todos puedan entenderlo. Comunicación a golpe de tecla, rabia contenida, viaje en el tiempo que nos procura a todos un grado en sabiduría  y reflexión que no tiene los expertos o los que dicen serlo. Comprensible exasperación en la soledad de las calles, en los asfaltos mojados de incertidumbre y lluvia suave que no mitiga la indefensión.  Las gentes en las  ventanas, en los ojos de sus casas, aplaudiendo a rabiar a la nada, al vacío  de las ocho de la tarde-noche.

Se desarrollan destrezas inimaginables en ese espacio de tiempo que nos dejan para pensar más en las trastiendas de nuestra vida,  la que vivimos con nosotros mismos y con los más cercanos.  Argumentaciones de todos los colores y miradas al ayer tan cercano ese en el que habita lo que se pudo haber hecho antes. Tiempo perdido  ahora captamos. Pero ¿cómo se evalúa esta situación con imparcialidad? ¿Nos sentimos mejor culpando a otros y otras de que el tiempo pasó ante una oportunidad desdeñada? Ya sé que nunca se contenta por igual a todos, pero todos estamos metidos en este asunto vírico que muchos, muchísimos contemplaran como algo que no buscaron. 

Ahora toca esperar. Una larga espera interrumpida por esta  sabia rutina que todos hemos adoptado para vivir cada día del ahora, cada hora de estos días, porque es nuestra vida y sólo la viviremos una vez sean cueles sean las circunstancias. Sigamos sin desertar de este viaje por una jungla inexplorada.