En alguna parte empezó a lagrimar el cielo. Ruidos sordos sin intrincados propósitos. Los patinetes de secano y tierra ligera van navegando calle abajo desconcertados, perdidos en medio del caudal.  Pequeños navíos solitarios sin un faro que los guíe. No hay manera de retrasar esa gota fría que amenaza desde hace tiempo.

Nadie ha conseguido inventar un mando a distancia que podamos  utilizar  a nuestro antojo o beneficio para alejar nubes de tormenta o atraer las esperadas  precipitaciones en cantidades también contadas, medidas, evaluadas. Se abren los cielos y no hay previsiones que valgan. Unas se pasan otras no llegan.    Interrogantes de agua que no dejan indiferentes a nadie. Sin embargo alguien tiene la capacidad del aquí  y ahora para intuir una salida en medio de lo agitado del temporal . Las palabras escritas de corazón, las bien escritas fluyen como esta agua que arrasa tristezas de copas de árboles y tala de un tajo troncos centenarios que nadie quiere dejar de abrazar para que perdure su esencia lo más lejos posible en el tiempo.  

Se oye un viento gritar. Identidad y tiempo cabalgando enérgicos por las dunas de las avenidas, por las aceras de las calles por las arenas  de los parques, Vuelan los frutos  arrancados de  la tierra de olor y sabor tropical y se refugian sin  conseguirlo  en los plásticos que fueron su cuna.  El canto burlón de los pájaros se ha eclipsado  tras los cedros blancos del pensamiento La luz de mil relámpagos se dobla con fuerza sobre su propio tallo desolado.

Todo queda convertido en  vastos  espacios sin nada que los limite.  Nos bailan unas letras ante los ojos que parpadean resecos ante lo impensable.  Ah, esto es la DANA. Paso firme y torrencial marcha. Barro adosado  que enturbia las paredes de ladrillo que atónitas se dejan mojar sin oponer resistencia. Vieja causa perdida la de controlar las fuerzas de la naturaleza.