Palabras envueltas en un vertiginoso torbellino que venían del tiempo. De un tiempo que no mide las vidas, pero sí la verdad de sus demócratas habitantes. No es verdad todo lo que se grita, no es verdad todo lo que dice un  tal señor Casado. No sé si piensa que el viento de Trump con sus “fakenews” es bueno para los españoles y lo ha importado. Cortinas de humo espeso y maloliente para enturbiar mentes, para hacer asentir cabezas como marionetas bien engarzadas en el torbellino electoral.

 

Ahora el tiempo pasa pero la verdad sale a la luz y la memoria de las voces, de los hechos, de los criterios sobrevive a la mentira antes llamada impostura entre otros significados.  Antes de asentir como una autómata que asegure tontamente a un señor al que le ponen un micrófono delante y ‘sueltafalacias’, me molesto en investigar, tirar de hemeroteca, comparar y tachar de su texto todas esas mentiras.

 

Después de hacer esto, el texto del señor Casado se queda vacío. Ardua tarea la de PP y Ciudadanos la de frenar en el Congreso los decretos del Gobierno sobre alquiler e igualdad salarial. ¿Por qué? Son medidas sociales, muy interesantes. Claro ellos viven por encima de los mortales. No les interesa que el Gobierno adquiera más popularidad.  Asisto pasmada estos días al levantamiento de los partidos a favor del movimiento de la mujer. Ellos que niegan de frente el reconocimiento del 8-M. Hipocresía a la carta.

 

Las elecciones cerca apremian y saben que las mujeres representamos más del 52 por ciento de los votos. Igualdad y derecho a las mismas oportunidades. Mujeres a la calle a hacernos notar, Claro. Una cosa son las palabras escritas y otra la realidad, en los trabajos, en las casas, en las calles en esos quehaceres invisibles en los que desarrollamos una acción imprescindible. Contra la violencia machista, por supuesto. Las muertas no sonríen.