En esta casa y en esta noche escribo, en cada espacio, en cada grieta de suspiros formada. Paredes y pasillos testigos de mis andanzas de madre, escritora, profe, compañera… La noche abierta al frío me recibe con una cálida sonrisa de estrellas que derraman blancura sobre este mundo nocturno.  

 

Sorpresas y regalos inmensos de una vida que, no se detiene y avanza. Avanzamos en este reto continuo de esgrimir verdades, sentimientos de ventanas abiertas de par en par a las realidades, a los sueños, a las páginas de luz de las historias contadas leídas o escritas. 

 

Todo me resulta familiar. Anillos de polvo sobre maderas queridas y signos brillantes  que se enredan interrogantes en el árbol de la vida.Lo cambiante de un pasado que sucedió, de unas vivencias que no pensaba vivir, pero que me fueron entregadas por el destino. Viene lo tornadizo de un futuro  que suena como acordes de mi guitarra que ahora silenciosa, se recuesta entre su terciopelo escarlata a los pies de un trineo liviano, que acerca ilusiones de cristales convertidos estos días  en preciosas flores de pascua blancas o rojas o en graciosos y chispeantes lazos de plata cubiertos. 

 

La mirra el incienso o el oro entre la armonía de un Belén quieto, dorado y misterioso, alumbrado por velas tenues que osadas, arrojan sombras  prisioneras sobre la soledad de oriente y occidente.

 

Allá en el agua abierta del río, un caudal de hogueras que nadie verá nunca. Nochevieja mágica. Serpentinas girando. Espacios curvos de óvalos azules de nevadas perezosas.  Terciopelos que bailan audaces hasta la madrugada avivando el vuelo de las voces de la imaginación, que me llama para hacerme artífice de una nueva  historia de vida, para que dé un paso más sin cobardía, como siempre fue, como siempre fui y soy.  Mañana será mañana.