Qué más quisiera yo que cobijarme bajo la copa de un chaparro y encontrar setas para llenar un canasto. 
 
Qué más quisiera yo levantar una piedra, situada en esa parte húmeda de lágrimas que la vida siempre tiene y no encontrarme víboras. Luchar con ellas, con esos asquerosos reptiles. ¡Vaya, qué curioso!, esto no entra en la Ley de Educación, y tal vez fuera una asignatura interesante, exótica y válida para la vida. Asignatura que, aún estudiada en inglés, te prepararía para esos obstáculos del camino, que esconden mentiras, malas gentes y callejones de puñaladas traicioneras. 
 
“My life  is brilliant…” canta J. Blunt en mi mente y en mis oídos. Miradme a los ojos verdes y veréis la verdad, digo yo, Carmen. Pero las serpientes no entienden de ojos, no ven las sonrisas leales. Atacan a la yugular. Todo vale por un trono, por un cargo, por un plato de lentejas.
 
Caminos difíciles de desaliento, de guerras, de familias desestructuradas, rotas, por la muerte de un ser querido, por la lejanía de un techo donde cobijarse, de un abrazo que antes fue cálido y ahora yace tirado bajo un muro de hielo. 
 
Mandíbulas desencajadas de una sociedad que no cotiza en bolsa porque no hay nada en los bolsillos. Nos dijeron ”crearemos empleo” y nos bajaron los sueldos; nos dijeron ”habrá enseñanza libre, pública para todos”, y nos mandaron a las mazmorras del olvido y del silencio; ”habrá una sanidad y unas pensiones dignas porque habéis trabajado una vida entera para conseguirlo” y nos dieron una piedra dura, llena de horizontes negros.
 
Pero ya estamos encontrando el tono de voz, las palabras, los sentimientos, el color, la garra… Hay mareas verdes, blancas, azules…Y aquél que crea que puede jugar con las vidas humanas como si fuéramos fichas en un tablero de ajedrez trucado y falso, que recuerde las palabras de Francisco.