Por si acaso, miraré con detenimiento el mar, el  romper de las olas, el verde del horizonte, los veleros alados y las gaviotas que, a pesar de las rebajas de verano, siguen con sus graznidos libres de contaminación volando  sobre la sal de las playas  y las torres de los faros.  

Por si acaso,  volveré a contar las pizcas de arena que húmeda por la bajamar suspiran y trata de adherirse a mis manos impregnadas de sabor salobre y gel hidroalcohólico.

Por si acaso, viviré con más intensidad los encuentros entre amigos con distancia  y mascarilla. Mascarillas  que cambian sutilmente  los tonos de voz y convierten en ausentes las sonrisas del encuentro deseado. 

Por si acaso, dejaré espacio y tiempo en mi retina para  las noches de luna llena y el rielado del mar trazado  en blanco y negro que, decidido, se abre camino hasta la madrugada de los ríos y las estelas de los veleros.

Por  si acaso, guardaré las imágenes de viajes vividos, caminados  saboreados en medio de vuelos,  aeropuertos, hoteles, barcos, vías de tren y taxis que te alejan o te acercan  a las ciudades  que has soñado tocar. 

Por si acaso, descubriré nuevos rincones en mi mente  donde acoger todos los sentimientos y visiones extraordinarias de este tiempo que me ha tocado vivir, leer,  escuchar. 

Por si acaso, sencillamente, sin metáforas recargadas sin rimas estudiadas, simplemente así escogeré los pinceles más intensos para dibujar sobre el papel aquellas alegrías  más hondas y así mismo,  los finos, las sutiles para las  penas que ahora con el calor se convierten en vapor de agua. 

Por si acaso, evitaré los laberintos confusos de las prácticas de vieja  cortesía y buscaré aquellos en que la luz de lo original sea extraordinaria y fresca. 

Por si acaso,  obviaré los caminos tortuosos saturados de  altas temperaturas y escogeré como dijo aquel sabio, todos los que me lleven a la  iluminación.  ¡Por si acaso, viviré!