Que la ficción supere a la realidad lo hemos podido comprobar en el último año con la invasión del Covid. Ahora bien,  que la falta de moral y de ética forma parte de nuestro menú diario y ha sido, es y será un hecho del que no nos vamos a liberar, no es ficción, sino eterna realidad. Los poderosos, los que abusan del poder, los que acaban corrompidos y corruptos son los verdaderos hacedores del desastre, bien político, bien económico, ya social, ya sanitario. 

Vienen las breves reflexiones anteriores a cuento de la intervención de Carlos Lesmes en la apertura del curso judicial. Podría haber  hablado más alto, con más fuerza, pero nunca más claro. El presidente en funciones del CGPJ dio un buen tirón de orejas a los políticos por bloquear una situación que lleva camino de tres años. Ni corto ni perezoso, la  contundente de intervención de Lesmes clamaba por la renovación del CGPJ para así alejarlo de las luchas partidistas de los grupos políticos. En esta ocasión, no siempre había ocurrido, no le tembló el pulso al jurista madrileño. 

Un ariete mayor lanzó contra el presidente Sánchez y todo el Ejecutivo por justificar la medida de gracia del indulto por ser constitutiva de la concordia frente al resentimiento. Pareció que el presidente no se iba ese día por las ramas, cosa que si hizo la fiscal Delgado, y por ello dejó claro que juzgar era dar a cada uno lo suyo de acuerdo con las leyes. Al quite salió la ministra Pilar Llop,  para no ser embestida de frente,  diciendo que el gobierno lo justificaba como una apuesta contra el bloqueo y la crispación. 

¿Qué pudo pensar del discurso de Lesmes el marqués de Galapagar convertido ahora en conde de Barcelona, Pablo Iglesias? Lo desconozco,  pero bien pudo pensar en coger la pistola con las siglas grabadas de PP y Vox  como la que ilustraba su primer artículo. 

Al final, ayer, hoy y mañana, en cuestiones de este calado,  las decisiones serán hasta que los déspotas quieran. Sin mayorías absolutas, las cesiones y concesiones de acuerdos y de  pactos avanzan lentamente. El silencio de la sociedad (aburguesada la clase media, enriquecida la alta a costa de la anterior y mantenida con  ayudas la clase media baja) es, como hubiera dicho Anguita,  lo que más nos preocupa. Por ello:  hasta que los déspotas quieran. 

El control de los talibanes de nuevo sobre Afganistán corrobora cuanto decimos. Hasta que los EE UU de América ha querido… Atrás quedan años de resistencia, millones de gastos y sacrificio de soldados europeos…