Las desgracias nunca vienen solas. Incertidumbre, ansias, miedo, ceguera, desconcierto, desconocimiento… Nos estamos hundiendo  cuando nos creíamos contar con la mejor flota y disponer de las mejores costas. El estado del bienestar que vendimos en Europa con el pelotazo del ladrillo nos está llevando a una quiebra. 

Llenamos nuestras costas de hoteles;  con bloques de infinitas urbanizaciones decoramos nuestras mesetas y llanuras,  y las segundas residencias para petar los bolsillos de dinero negro hicieron pensar a muchos que eran ricos. Pusimos las industrias en manos de alemanes, franceses y noruegos pensando que con su patrimonio llenaríamos nuestras cajas. Lo convertimos todo en  risa y esas risas se están volvien dollantos.

La fotografía que ofrece Europa, Asia, América… el mundo entero, empieza a ser para los que pensamos más que preocupante. ¿Estaremos ante la Tercera Guerra Mundial? Difícil pensar que utilizaremos armamento, pero el puzle que conforma el globo se está moviendo a diario  y además no lo hace en balde. Las grandes farmacéuticas, sin descanso, se afanan en tener la vacuna del Covid;  Rusia sin rumbo, pero siempre envenenando –así ha sido a lo largo de la historia– sin dejarse pisar;  y EE UU con una manipulación que cuida al momento pues el gigante asiático es ya  la primera economía mundial. 

Con esas y otras muchas premisas (mejor no pensar en el circo que nos depara la pésima clase política española),  arrancamos este inicio de curso escolar, con el Covid en las aulas: con miedo, con susto y mucha cautela. Nos enseñaron y nos vendieron que todo era fácil y a los que les engañaron difícil se les hace ahora ver que la vida que nos espera no va a ser la de antes. Pagaremos muy caro nuestra forma de vida. El Covid en las aulas nos debe enseñar que tenemos que ser respetuosos con las medidas para prevenir los contagios,  pero también nos debe hacer más sensatos y coherentes para salir fortalecidos. 

Los bancos ya lo hacen,  pero para enriquecerse  ellos. La caridad siempre se presenta en la puerta del pobre.  Aprovechemos este comienzo de curso para aprender todos juntos (no son necesarios los aplausos), para reflexionar (no hace falta decirlo) y, sobre todo, para fortalecernos. 

La dureza del virus nos hacer formar parte de un todo, al que muchos siempre han querido pertenecer. Sin ser invitados, estamos todos en una misma ceremonia donde el final no parece ser de lo más festivo. ¡Mucho ánimo!