Ni el mejor de los directores de cine hubiera sido capaz de imaginar un guión de tal magnitud por la dureza del Covid-19. ¿Llegaremos a saber su verdadero origen? Dos meses de confinamiento han dado para mucho. El tiempo nos ha dicho que voces autorizadas, como Cavadas y García-Sastre, preveían la virulencia del tsunami a comienzos de febrero, pero la prepotencia de Sánchez y  el adanismo de Iglesias, amen de su enorme equipo todos muy de izquierda –cuyos padres se formaron bajo el manto protector del franquismo pero que acabaron con una inquina y un odio que han trasladado a la población–, tenían que poner en la calle a numerosas asociaciones subvencionadas. Había que hacerse notar.

España y los españoles se han cansado de tantas mentiras, de tantos engaños de tanta improvisación, de tanta desvergüenza y de tanto, por no seguir, descaro. El ejecutivo no ha sabido y ha estado sometido a una continua improvisación que cambiaba a lo largo del día. La pandemia no ha venido del brazo de Sánchez, pero reconocer ahora que de no celebrarse la manifestación del 8M el número de contagios se hubiera reducido en la comunidad de Madrid más de un 60 por ciento,  es decirnos  que jugaron con fuegos y nos han quemado a todos. Nos han achicharrado. 

Siempre lo diré y difícilmente me podrá ser rebatido; en España desde hace ya dos décadas veníamos perdiendo el sentido común, la coherencia y, sobre todo, la educación. Unos con sus votos y otros con el  silencio hemos sido cómplices de la degradación de la política. Ahí está el tipo: ¡Pedro Sánchez! A Rajoy le dijo indecente y ahora se presenta cuál chulo de playa y macarra de bolera diciendo que Iglesias hace ejercicio de libre opinión por criticar al Rey. A Marlaska, mejor no nombrarlo. 

Alguien dijo que como te presentas te atienden y como te comportas te despiden. Pues haciendo caso a ello deberíamos dejar de lado a  Fernando Simón. Sus declaraciones han sido una continua contradicción y su aspecto no ha sido el mejor ejemplo para toda una nación que ha dicho adiós a más de 25.000 vidas (¿sabremos algún día el total?).

Al resto,  mejor no mencionarlo por mucha chaqueta que se pongan.  No han mostrado respeto: se han ido ellos, los que abrazaron el concepto de obligación y deber sin conocer el término derecho. ¡Una auténtica pena! Cierto es que la edad avanzada y la existencia de patologías predecían malos pronósticos y mortalidad, pero se podía haber atajado con gente preparada. Se han ido solos, en absoluto silencio, sin los suyos. La historia nos pasará factura. 

Día tras días hemos sido testigos de un exaltado Iglesias, hombre vulgar donde los haya, mediocre y  vanidoso, que aprovechaba sus apariciones para cargar y sacar rédito con las rentas mínimas. Ha visto  que España es su presa  por la que tanto soñaba y que sus garras están bien asentadas: disfrutando con la preparación de la renta vital mínima, jactándose  de ver a la gente con su mascarilla (él estaba exento) y cuestionando  el uso de la propiedad privada.  ¿Qué hubiera dicho el insigne y caballero Ortega y Gasset, que defendía la propiedad privada, del  manipulador  y revolucionario de mercadillo que es  Iglesias? 

Desde el inicio del confinamiento miles de noticias y de vídeos han campado a sus anchas por las redes sociales que ya no pueden dar cobijo a más mentiras. Corto se quedó Rajoy con la ley de Seguridad Ciudadana que ahora exprime Sánchez, para sus intereses del estado de alarma,  pero que aquél debería haberla utilizado para imponer alguna cadena de televisión con rigor y no sectaria. Las pantallas deberían haber tenido un crespón negro desde el primer día y los presentadores de riguroso luto.   Sin embargo, me entero que interesan más los animales que el respeto a los mayores y a toda la población.

Cuando todo esto pase, todos los españoles con dos dedos de luces, con sentido común, al margen de ideologías extremas,  deberíamos echarnos a la calle para organizar en todas las ciudades una manifestación a favor de todos los trabajadores de la Sanidad y de los distintos ámbitos de las más diversas actividades que han estado en primera fila luchando contra la pandemia. En lugar de las pancartas con mensajes soeces que se mostraron en la manifestación del 8 M, deberíamos poner en primera fila a todo el colectivo sanitario y, por supuesto, al Sr.  Amancio Ortega, que puso toda su logística desde un primer momento al servicio del Estado. Ellos han sido los héroes que han dado lo mejor de sí. Al final de esa manifestación los que somos  serios y  correctos deberíamos reunirnos y acordar un gobierno de consenso para mandar a esta basura de políticos a la calle. Lo  digo bien claro: ¡a la puñetera calle!

La Europa ausente no puede dar más ayudas. ¡Qué ilusos muchos españoles que dicen que la solidaridad nos llegará! La bondad existe, pero tiene un límite. Alemania, Holanda, Austria… se acercarán para rescatarnos, pero después de tantas ayudas el grifo, cuando verdaderamente necesitamos beber agua, no tiene una gota. Nos reclaman que demos cuenta de las ayudas que nos dieron para salir de la crisis del 2008…

Debemos tener un gobierno decente, un gobierno formado por personas sensatas, por personas preparadas que hayan realizado carrera en el mundo laboral privado o público y que en un momento determinado decidan aportar su conocimiento al país. 

Desde hace varios años nos hemos encontrado con unos gobernantes –sin ir más lejos el propio Sánchez– que formado en universidades periféricas copiando tesis y con el compadreo de colegas se cuela de presidente de un país como España que una vez más, cuando nos han puesto contra las cuerdas, sale a  la luz la  ineptitud y la falta de práctica. ¡Señores míos!: todo no son inteligencias múltiples. Lo que la naturaleza no da, Salamanca ni Baeza nos presta. La naturaleza de Sánchez está impregnada de odio, de ineptitud y de falta del concepto de respeto. Quería disfrutar del caldo como fuese y se está tomando tres tazas que le están produciendo asfixia. 

Las guerras dejan destrozos y permiten ver la verdadera luz que nos alumbra. Esta guerra sanitaria y económica va a dejar a muchos en el camino, pero a otros, por fin, espero que les abra la vista para saber que no podemos estar continuamente viviendo de una política de subvenciones. 

Los mayores que se nos han ido (leían periódicos con páginas internacionales y no copiaban tesis, pero ostentaban el sentido común) tenían por lema –no les quepa la menor duda– que  recogemos cuanto sembramos. A nivel mundial estamos recogiendo  la muerte de la globalización y el capitalismo feroz. El covid 19 ha parido una hija: la desglobalización, que va a convertir en pobres a los que la globalización hizo ricos. A nivel nacional, los jóvenes y no tan jóvenes, cansados de tanta corrupción, se aferraron al inútil de Zapatero (la tierra es del viento), al que ha hecho bueno el indecente de Sánchez que además ya gobierna bajo las garras de un comunista que reside en un chalet sin haber sentido el sudor por esforzarse  más que en su larga cola. 

¡Quién da más! Pues sepan que los que están en el gobierno fueron los elegidos. Ahora, aplíquense: ¡Quien por su gusto muere, hasta la muerte le sabe! Sigan votando a políticos ineptos y no olviden coger la papeleta de Sánchez e Iglesias pero en este caso para guardar cola en los establecimientos.  Laus Deo.