El peor de los acuerdos siempre será mucho mejor que cualquier batalla, pero la lucha se viene librando a diario desde hace años y tenemos muchos frentes abiertos. Viene a colación la frase anterior por lo que se avecina. La caída del bipartidismo ha permitido entrar en el terreno de juego a una jerga de políticos con ansias de poder, afán de protagonismo, intentos de revanchismo y ganas de hacerse notar.

A Pedro Sánchez el mes de julio le va a sentar peor que una etapa del Rallye París–Dakar. El, en otro momento, aclamado Pablo Iglesias, es el mayor garante de la humillación de la investidura que se avecina. Rajoy, con igual peso parlamentario, renunció al intento; Sánchez, sin nivel ninguno, está recogiendo cuanto ha sembrado y cavando su propia fosa. El líder socialista, sin ser vulgar, pero  por aquello de que tiene pinta de macarra de bolera, está atado y cogido por los bolos o por las  bolas, como  ustedes quieran.  Los puestos que él ofrece le vienen muy pequeños a toda la casta de Unidas Podemos y al resto de grupos de independentistas que se extienden por España. 

La entrega de ministerios  por parte de los residuos del verdadero PSOE no solo acabarían con lo poco que queda del partido, sino que traerían una situación de infarto a los barones del PSOE que no podrían aguantar tanta ignominia por una clase de desalmados y plagiadores de tesis  que han prostituido la política en nuestro país. No le queda mucho juego político al PSOE que, mientras tanto, para distraer la atención, vuelve a centrar todos sus esfuerzos en enfrentarse al Vaticano por el asunto de Franco. Algún día alguien tendrá que decirle a Carmen Calvo, que bien podría pegarse a su hermano, el entonces alcalde egabrense José Calvo, para aprender un poco de  Historia (aunque sea de la época moderna) recoger algo de humildad y no ser tan prepotente, que se interese por localizar a todos los que se lo han llevado calentito utilizando todo tipo de tarjetas que bien se podrían haber empleado para cubrir gastos en Sanidad. 

En España es difícil el acuerdo. El bipartidismo, para muchos, era una enfermedad imposible de lastrar por más tiempo, pero el afloramiento del resto de partidos se convierte en un cáncer donde sus mandatarios, de entrada, se compran ya mansiones para guardar lo que piensan robar de antemano. Un sillón para Iglesias, es una tabla de salvación. Por lo tanto, tomen el sol en verano y aprovechen el tiempo.