La crisis migratoria no es nueva, siempre ha estado ahí, pero son los gobiernos y los medios de comunicación los que remueven las conciencias. Difícil asunto porque el ciudadano y las administraciones de cada nación poco pueden hacer a gran escala. El problema es mucho mayor en el fondo y en la forma.

El peso debe recaer en la Unión Europea que es la que debe activar políticas migratorias que solucionen la llegada masiva a costas europeas de inmigrantes para labrarse un futuro mejor. 

La llegada del Aquarius y el rechazo de Italia y Malta a recibir la embarcación con más de medio millar de personas vuelve a poner sobre la mesa las diferencias que tiene la UE que políticamente siempre está  ausente. No está cuando se le necesita, no es seria cuando debe mostrar su fortaleza y está dubitativa cuando algunos quieren acabar con lo que tiene de cohesión. ¡Pregunten a los catalanes!

Somos modernos, estamos cobijados por un capitalismo que nos ha puesto en la cresta de la ola, pero el problema de fondo, la erradicación de la inmigración ilegal, es algo que no nos atrevemos a abordar. El Aquarius ha sido la punta de lanza del cruce de reproches entre los europeos y la puesta en escena de la falta de acuerdos cuando el problema se reaviva. Y es que, una cosa es lo que te pide el corazón y otra el uso NO XENÓFOBO, sino coherente, de lo que te está clamando  la razón. Hace falta una seria regulación. 

La actitud,a todas luces intolerable,  del primer ministro italiano Guissepe Conte, populista y xenófobo, ha reavivado el entusiasmo en países centroeuropeos siempre contrarios a la inmigración, al tiempo que ha conducido a Merkel a modificar su política de asilo ante las presiones de sus vecinos. De Europa viven muchos y pocos la mantienen. Esto es, la vida misma: unos trabajan para que otros vivan. 

Mientras, los que no damos crédito con la desvergüenza que recorre España de punta a punta, vemos que Julio se va a convertir en el traslado tanto de presos NO POLÍTICOS como de  etarras que camino de su feudo para jactarse con buenos vinos y cervezas puede que pidan establecer paradas para cargar en el furgón a inmigrantes que hayan llegados a las costas y estén deambulando por los territorios que aún se siguen identificando con España. Detrás el aplauso de Pedro Sánchez, la risa de Rufián, y el apoyo de toda la anti España que gobierna España. Y Europa, como siempre, ausente.