La actualidad de las últimas semanas ha venido nuevamente de la mano de la corrupción y el abuso del poder del que algunos hacen gala sin escrúpulos. En esta ocasión metiendo de lleno en el fango a la institución que debe dar más prestigio a un Estado, la Universidad. El supuesto Máster de Cristina Cifuentes ha puesto sobre la mesa que la endogamia universitaria y el clientelismo entre  catedráticos y  profesores nóveles llega a ser en ocasiones repugnante. 
 
Aquellos que hemos pasado por la Universidad y posteriormente hemos realizado estudios de Máster, somos conscientes del enorme trabajo y no menos esfuerzo que hay que hacer para poder cursarlos cuando se ejerce una actividad laboral. Pero en ello no pensó la presidenta de la Comunidad Madrid que, al igual que otros de sus colegas, consideró que obtener un título universitario podía convertirse en un acto tan sencillo como el que los alumnos realizan cuando intercambian estampas a la puerta de un Colegio.  
 
La Rey Juan Carlos I, envuelta en otros escándalos,  ha abierto el debate en una sociedad que, queramos o no, puede cuestionarse ciertos estudios universitarios (Máster, Experto, Especialista)  que han convertido a la Universidad en una fábrica de títulos que reconoce estudios pero que evidencia desconocimiento. ¡En España no caben más Universidades! 
Cada día se va haciendo más evidente que estamos ante la necesidad de una regeneración de la clase política española y sobre todo de aquel que con un cargo quiere campar a sus anchas con títulos, beneplácitos, prebendas y privilegios como si de la Edad Media se tratara. 
 
Después de la tempestad siempre llega la calma. Para la ocasión, la negativa de Cifuentes a su Máster (no puede rechazarse algo que se ha cursado y obtenido), y el cierre de filas en torno a su figura de la mano de Rajoy, no deberían calmar los ánimos. Los que  entendemos que los estudios son la clave del futuro hemos sido insultados y abofeteados. Apelo a que la clase política trabaje para aprobar leyes en el Congreso que endurezca las penas ante este tipo de delitos. De ser cierto, falsificar actas, manipular matriculas, y conceder prebendas con el consentimiento del Rector no puede saldarse con un simple perdón. Estoy harto del diálogo que viene envuelto de actos inmorales y faltos de la más mínima ética humana.