Por la boca muere el pez y bien que lo han demostrado los mandatarios políticos en la semana que ahora acaba. Exigencias a una población de llevar mascarilla cuando no se respeten las medidas de seguridad de 1,5 metros, chocan frontalmente con las imágenes del Congreso donde nuestros dirigentes se presentan sin ella. El verano de 2020 pasará a la Historia con mayúsculas. Generaciones venideras, tal vez marcianos o gentes investigando en el interior de drones,  escribirán páginas sobre el comportamiento que  Europa en general y España en particular manifestó en el estío del año capicúa. 

Mientras consumimos los últimos días de julio y muchos profesionales que sufrieron meses atrás espero estén disfrutando a tope más que nunca –se lo merecen y se lo han ganado a pulso–, hemos de ir pensando en las que se nos avecina, pero antes debemos hacernos fuertes para digerir cuanto estamos viendo. De gira por España anda la monarquía borbónica. Una monarquía que ha puesto a nuestro país en el centro de Europa y que ha permitido mantener la estabilidad política. Sin embargo,  los escándalos del rey emérito,  Juan Carlos I, colocan  en el centro de la diana a Felipe y Letizia. Los borbones no pueden estar sufriendo más. Al caso Urdangarín, se unen ahora todas esas conversaciones de Corinna que ponen en entredicho la grandeza que mostraba don Juan Carlos.  Poco o nada van a reconocer los catalanes, los abuchearon hasta la saciedad, que fueron los borbones los que enriquecieron a Cataluña tras vencer en 1714 e invertir en el control militar del mediterráneo. 

No se acepta para nada, ni por la FEMP ni por gentes de sentido común, que sea el Gobierno Central quienes propongan ahora controlar el remanente municipal que tenían los ayuntamientos fruto de su esfuerzo y ahorro. Poco se entiende que Sánchez reciba esos aplausos en su aparición en el Congreso cuando en Europa nos han dicho que nos van a controlar el gasto, que la botella la tenemos medio vacía, pero que nosotros siempre la vemos medio llena. Esto forma parte de España. Y poco o nada van a reconocer que los docentes viviremos desde el minuto 1 del regreso a las aulas en una situación de incertidumbre cuanto tengamos que trasladar a nuestros alumnos que bajo ningún concepto se pueden mezclar en el recreo. Hay que trabajar mucho, pero los milagros no existen ni fuera ni dentro del aula. ¡Disfruten del verano!