No corren tiempos para cantar y festejar las victorias como ocurría antaño: el ganador sabía que un largo camino de ventajas, prebendas y beneplácitos le esperaban durante años. El perdedor estaba condenado a una larga travesía de desesperanza, tristeza, ostracismo y represión. La victoria de Casado es al mismo tiempo la derrota de Soraya, de Rajoy, pero también la derrota del mismo Casado o su victoria más amarga.Los papeles del máster, la herencia de Aznar, sus dudosos estudios de licenciatura, sus intervenciones políticas un tanto descabelladas (revisen las hemerotecas), y el casamiento con la otra `Dama de Elche´ son un duro extremo a batir donde en el otro frente juegan únicamente su buena presencia, ilusión y ganas con las que se ha enfrentado a sus contrincantes. 

 

Pablo no puede olvidar que ha ganado unas primarias a costa de tirarle a la cara de Soraya el cuerpo de Cospedal, la señora de Castilla La Mancha, que  mantenía un duro combate con el jerarca andaluz Javier Arenas.  El PP ha perdido una oportunidad de oro. Ante unas primarias, que pocos hubieran imaginado años atrás, debiera haberse postulado alguien con más peso, capaz de hilvanar y coser las diferentes familias internas que hay en los populares,  para así haber conseguido entender que los partidos políticos son algo más: duros clanes en los que las familias luchan por un frente único.  En el PP, tras la victoria de Soraya, debiera haberse cerrado todo en torno a ella, pero había ganas de revancha en el seno de todas las familias y así ha sido. 


Casado no viene a decir nada nuevo, sino a recuperar el espacio que había perdido Aznar, y de él,  ya saben: Zaplana, Rato, Jaume Matas… Su victoria ha sido la victoria de Aznar, pero también la derrota de Mariano, un hombre a la altura de las circunstancias  y que siempre supo mantener el tipo, pero que le faltó aún más fuerza para acabar con la corrupción. A Pablo Casado le queda trabajar y mucho. Tiene que conseguir hacer un centro derecha con grandes cambios que integre a ejecutivas provinciales y regionales sin olvidar a los versos sueltos y las viejas guardias.

 

Además, tiene que empezar a convencer al  electorado ante el adelanto de unas posibles elecciones generales. Esperemos que sea capaz de demostrar sus estudios de máster y de licenciatura. De lo contrario su victoria se habrá convertido en la más amarga de las derrotas. ¡Suerte Pablo!