Antes de acabar el día, nos dejamos apasionar en casa por series, una de las últimas “Estoy vivo”. Aunque pasas rápido la introducción, tenía curiosidad por escuchar la canción “Humo” de Jarabe de Palo; y la otra mañana, recorriendo las calles antes de que salga el sol, me detuve en buscarla y escucharla. Aunque es triste su letra y carente de fe, viene muy apropiada para el Día Mundial Contra el Cáncer. Obviamente, Pau Dones, la escribió en su particular batalla.

“Ahora que solo el ahora es lo único que tengo; ahora que solo me queda esperar a que llegue la hora”... es una especie de testamento cuando sabes que vas a morir, la muerte, esa palabra que tenemos miedo a pronunciar, pero a la que todos llegaremos. 

Fue este 4 de febrero cuando empecé a escucharla una y otra vez y empezó a bajarme los ánimos. Pero tras escribir el reportaje sobre los taxistas y el colectivo local contra el cáncer, necesitaba más fotografías y decidí por la noche, subir a Santa María para tomar nuevas instantáneas. Sabía que estaría iluminada Santa María, pero no me esperaba el Arco de los Gigantes. Fue cuando me acordé de tantas personas, muchas de ellas amigos, a los que el cáncer había vencido... era como un homenaje a todos ellos, ver iluminado de ese color el primer museo de la ciudad. Y sentí necesidad de volver a escuchar “Humo” y, al desplazar mi mirada hacia el Castillo, comprobé que la parte de muralla más próxima al Arco, también estaba de color verde.

Fue cuando entendí lo de ese color, el verde, verde esperanza, porque tantas vidas que se van antes de tiempo, son un momento doloroso, pero también un aviso que cada día la lucha va ganando más batallas, tocando más campanas de fin de tratamientos y lograremos vencerlo, espero más temprano que tarde.

Bajo las cuestas con la ilusión de darle un vuelco a la triste canción y ponerle sonrisa porque: “Ahora que ya no me quiero que no me conozco que no me abandona: ¡Abrázame, mi amor te lo ruego, abrázame fuerte por última vez!”. Siento que debe ser el último pensamiento de una persona cuando tiene que despedirse de su vida, si tiene la suerte...

Mientras tanto, por mucho que nos duelan pérdidas que no encontramos razón ni explicación (la última, la de Josele con un adiós color verde esperanza en forma de bendita banda verde), hay que encender más velas color verde esperanza porque algún día lo conseguiremos.

Ante el llanto por el final de una lucha, pensar en la esperanza de quienes tienen la suerte, confianza, fe y amor de poder superarla, con la fuerza de los que se quedaron en el camino. Una fuerza como la de dos nuevos colaboradores de estas páginas. Una, María Sánchez, la niña que creció luchando contra el cáncer donde el coraje y el corazón le han traído a ser esperanza de quienes empiezan. Y la otra, la de Javier Santos, ese enfermero, según marca el DNI, pero “ángel de la guarda” de los que se quedan y de los que se van... dejándonos el mensaje de que “Estoy vivo”, como esa serie que ahora ocupa mi fin de un día, que comienza antes de que salga el sol, que en mi caso son dos soles que dejo en casa para abrazar a mi tierra, Antequera, Antequera, Antequera... antes de ver lo que me depara el día... y el sol irradiará de verde y esperanza, hoy y siempre.