Hace unos días, Antequera decía adiós a una gran dama, que unía a su singular belleza unas dotes personales extraordinarias en cuanto a generosidad y altruismo. Perteneciente a una familia muy querida y respetada en la ciudad, formó la suya propia junto a su esposo don Antonio Jiménez Ramírez, fallecido muy joven, siendo capaz de sacar adelante a sus cinco hijos, personas respetadas e igualmente queridas en la ciudad.

Querríamos destacar que Doña Enriqueta tuvo mucho que ver en que esa joya de Antequera que es "El Efebo" se quedara en nuestro Museo. Descubierta la estatua en la finca Las Piletas, propiedad de su suegro don Nicolás Jiménez Pau, el 25 de junio de 1955 –dato que nos facilitó años después el encargado de la finca, que lo tenía anotado en una libretilla de datos del cortijo--, tras diversas vicisitudes, El Efebo fue a parar al rellano de la escalera de la casa de calle Lucena, donde vivía don Enriqueta.

Allí recibió diversas ofertas de compra, que comunicó al entonces alcalde don Francisco Ruiz Rojas, quien hizo una gestión en la Caja de Ahorros de Antequera, que presidía don José García Berdoy que facilitó las trescientas mil pesetas –cantidad muy inferior a la que ofrecían a su propietaria otros posibles compradores— para que la efigie fuera adquirida "por la ciudad de Antequera", es decir, no por el Ayuntamiento –lo que hubiera permitido que algún organismo lo reclamara--, ni por la Caja, en la que podría ocurrir lo mismo, sino "por la Ciudad", con lo que se aseguró que "El Efebo" permanecería siempre en su tierra.

Como decimos, doña Enriqueta recibió mucho menos dinero del que le ofrecían diversos organismos, así que tuvo mucho que ver en que esa joya permaneciera donde está. Sirva lo expuesto como un detalle del antequeranismo de tan gran dama antequerana.