Hoy concluye una etapa de mi vida. Para mí no es un adiós sino un hasta siempre. Antequera no solo me ha enseñado periodismo sino también a ser mejor persona. Me llevo amigos y más que eso, familia. Una familia de papel y tinta que se ha hecho hueco en mi corazón para siempre. Aún recuerdo el primer día que pisé esta Redacción. La primera entrevista a la que me iba a enfrentar para trabajar como periodista y, como era evidente, los nervios se apoderaron de mí.

 

Era noviembre, hacía frío y no era consciente que, a partir de ese momento, mi vida iba a dar un giro de 360 grados.Ha sido un año lleno de buenos momentos y vivencias que han marcado mi camino. Para mí ha llegado el momento de zarpar y el caso es que en la próxima travesía de ‘El Sol de Antequera’ no estaré embarcada; eso sí, le deseo toda la suerte al capitán y a la tripulación con la que ha sido realmente un privilegio compartir todo este tiempo. Días que han pasado como una estrella fugaz y se han ido esfumando casi sin darme cuenta.

 

Cuando amas lo que haces nada pesa. Venir a trabajar en un ambiente como el que se respira en esta Redacción se convierte en la mejor razón por la que hacerme todos los días más de 80 kilómetros para llegar al trabajo. Y todo esto ha sido posible gracias a vosotros, compañeros.Sobran las palabras para todos y cada uno de ellos. No obstante me gustaría transmitir un último mensaje desde esta silla en la que me encuentro, no solo a mis compañeros, sino también a los lectores: perdón por mis errores, y gracias por todo lo demás. Ahora me toca mirar al futuro, que es, como dice Woody Allen, el lugar en el que vamos a pasar el resto de nuestras vidas. 

 

Os aseguro que me faltarían páginas de este periódico para poder expresar todos los sentimientos que en estos momentos hay en mí. Se trata de una mezcla entre melancolía, nostalgia y añoranza por adelantado. Estén seguros que esta persona que os escribe no dejará de visitar esta ciudad que me acogió como una más desde el primer día.  Y recuerden siempre el eslogan que la abandera: “Antequera, directa a tu corazón” y conmigo lo consiguió más rápido que nunca.

Cuando las gestiones no se realizan de manera correcta es de sabios reconocerlo. Antequera merece toros. Y tendrá toros. Pero... ¿bajo qué condiciones? Hace unas semanas conocíamos la noticia del abandono de la empresa Tauromaquia Siglo XXI del coso antequerano. Plaza huérfana. Carteles huérfanos. Antequera sin toros, se oía.

 

Lo cierto es que a una, que se considera muy aficionada desde bien pequeña y que, a pesar de mis 20 años, he presenciado y vivido siempre rodeada de tradición taurina, le entristece ver cómo se juega con una cultura taurómaca que poco a poco se torna en mero interés económico y pierde la esencia propia de antaño.Incertidumbres. Abonos vendidos. Ninguna respuesta. Todo ello adornado con unos carteles de postín dignos para una ciudad como Antequera. Una ciudad ilusionada por una Goyesca de altura que finalmente quedó en el aire.

 

Lo cierto de todo esto es que la gestión de la Plaza de Toros merece seguridad en sus contratos. No es de recibo que a un escaso mes de la Real Feria de Agosto los antequeranos reciban la noticia de “no hay empresa, no hay toros”. Que sí, que somos conscientes de que habrá toros, pero no es ésa la cuestión. El que mucho abarca poco aprieta, decían, y es que este suceso debería servir para, de cara a los próximos años, plantearse ciertas cuestiones que aseguren y den estabilidad a una Plaza de Toros que merece calidad tanto en su gestión como en sus carteles.

 

Sabemos que es la hora de reivindicar la verdad de la tauromaquia, la solemnidad de sus rituales y la belleza tan pura de su arte. No dejemos que nadie determine qué es y qué no es cultura. Modernicemos la defensa de los toros y de sus gentes. Y nunca más cometamos el error de subestimar el poder de los empresarios. ¡Sigamos llenando las plazas y gritemos libertad!

Lo vivido hace ya una semana no tiene nombre. ‘El Sol de Antequera’, testigo excepcional de los acontecimientos de la localidad y de la evolución del pensamiento de la sociedad antequerana, cumplía un siglo de vida y es que su capacidad para repasar a través de teletipos, portadas y fotografías sus desastres, triunfos y acontecimientos históricos ha revertido en reliquia que quedará para el recuerdo.

Hablo en primera persona y me aventuro a confesar que ha sido una de las experiencias más bonitas de mi vida. Yo, con apenas 20 años, formo parte de esta familia y sí, para mí se han convertido en parte de mi familia. El compañerismo, apoyo y consejos que día a día compartimos en esta humilde Redacción, solo lo sabemos los que trabajamos aquí y les aseguro que cualquiera desearía experimentarlo y más en una ocupación como esta en la que reinan los egos.

Cualquier profesional de la información no puede afirmar haber formado parte de una Redacción en la que aún se respira el fuerte sello de la revolución tecnológica entre reliquias olvidadas como la linotipia, una máquina de escribir del siglo XIX o el primer ordenador Macintosh, todo ello enmarcado en un museo en el que se respira periodismo e historia en su máxima expresión. El recorrido del decano de la prensa plasmado sobre archivadores convertidos en columnas hace que luzcan las principales portadas que han puesto letra e imagen a los acontecimientos más destacados del municipio. 

¡Oigan señores! que hemos cumplido 100 años, pero esto no acaba aquí. ¡A por los 125!, repetíamos una y otra vez durante la celebración del pasado fin de semana, y así será.Y es que ya lo decía nuestro primer editorial “entusiastas aficionados al periodismo y amantísimos devotos de las letras”, porque cuando hay amor y pasión por esta  profesión es posible llegar a la sociedad desde diferentes vertientes. Porque cuando se mezclan pasión y periodismo se pueden cumplir 100 años  y muchos más.

 

Allá por 1997 en el mes donde el calor se confunde con la pasión y en una tierra donde el sol preña el olivo y hace oro líquido, nací. Pronto, la mar fue mi nueva casa y por azar del destino, o no, a la montaña he vuelto aunque no para vivir. 
 
Las letras siempre fueron mi pasión y aunque desde edad temprana ya escribía poemas a escondidas siempre tuve clara mi vocación: El PERIODISMO. Y sí, periodismo en mayúsculas. Ese que día a día afianza mi verdadera pasión por las letras. 
 
Para quienes hacemos periodismo y trabajamos en esto, vivimos un momento único: estamos frente a un gigantesco cambio de hábitos de consumo en el que lo que ayer dábamos por sentado hoy es una incógnita. Hace varios años era común escuchar que los aparatos electrónicos iban a reemplazar el formato papel. El fin de las librerías se asomaba y el panorama era casi apocalíptico. Finalmente, nada de eso ocurrió, y menos mal. Las ‘tablets’ ocupan su lugar y los libros, el suyo. Ahora es el turno de los medios de comunicación impresos, para quienes también se avecina un futuro incierto. Hay quienes dicen que los diarios tienen los años contados y que las revistas y periódicos vivirán solo en formato digital. No lo creo. Y tampoco lo deseo.
 
En estos tiempos vertiginosos, en los que todo sucede de manera acelerada, el papel, bien sea en forma de libro, periódico o revista, representa un refugio, un escape, la posibilidad de bajar de esa vorágine y zambullirse de manera tranquila en las páginas de papel. Entre tanto, con la lista siempre llena de pendientes, hoy, tener tiempo para estar tranquilo y disfrutar de cualquier lectura es un lujo que debemos celebrar.
 
Así, desde que estoy en Antequera y cada vez que llega un sábado solo siento que queda un remitente desconocido, unas letras y un periódico por leer.