Enciendo de nuevo mi grabadora acordándome de dos personas que estarán sonriendo en estos momentos, aunque por razones de la vida no puedan leerme. Lo que daría por poder entrevistarlos. Me estreno en este formato, el papel, al que llevan matando durante años, pero aquí sigue. 
 
Comienzo hoy una etapa en un periódico centenario, el de mi pueblo, el más longevo de la prensa malagueña, en el que todos piensan cuando hablan de prensa en Antequera y donde encontraré el contexto para entender una ciudad compleja.
 
Mientras mi amigo y columnista,  Jorge Pedrosa, busca el Sur cada semana, yo buscaré el Norte que tanto extraño en estos momentos. Intentaré trasladar, a través de esta columna, un pequeño trocito del País Vasco, donde he pasado los últimos seis meses formándome en lo que amo: el Periodismo. Allí dejé el Diario Siete Calles, así como muchas historias por contar, solo algunas consiguieron colarse en mi mochila de vuelta a mi Antequera.
 
Hace una semana mientras contemplaba por última vez mi apreciada Ría de Bilbao, no imaginaba que usted estaría deslizando el dedo por una columna escrita de   mi puño y letra.
Sirva como forma de inaugurar esta columna que, egoístamente, se la quería dedicar desde hace mucho tiempo a las dos personas que más habrían disfrutado de ver a su nieto feliz. A mi abuela Inés del Pino y a mi abuelo Aurelio Martín, aquí queda mi homenaje para la posteridad.