La necesidad imperiosa de seguir formándome en este oficio ha propiciado que hoy me estén leyendo por penúltima vez en el Decano de la Prensa Malagueña. Mi estancia en ‘El Sol’ ha sido apasionante, imborrable e impagable, todo un privilegio. No duden que el contexto está en el Periodismo Local. 

Entré a esta Redacción centenaria el pasado lunes 5 de febrero de 2018. No me he equivocado al escribir “pasado” 5 de febrero, señor director, tiene un porqué. Cuatro meses en los que el tiempo ha volado, del número 5.101 al 5.117 en un abrir y cerrar de ojos en un lugar que huele a Periodismo desde las 9 de la mañana hasta la hora que sea, por “Antequera nada más, pero nada menos”. 

Gracias, aunque sé que os gustaría que hubiera seguido más tiempo, al matrimonio periodístico que conforman la persona que apostó por mí, Curro Guerrero, y la persona que más me ha aguantado y soportado en estos cuatro meses, Lorena Sánchez. Ambos me han enseñado más de Cultura que la propia concejala del área en el Ayuntamiento y mira que por intentos no habrá sido, Ana. 

A mi amigo Joaquín Torreblanca le estaré eternamente agradecido por ser mi principal mentor en estos 116 días de Periodismo. Ha sido un honor firmar numerosos reportajes contigo, no pude tener mejor compañero, por eso sonrío al pensar que me llevo un amigo. 

Al “Chico de Ayer” le pido que siga impulsando el ‘método Vadillo’.  A mi discípulo ‘San Garri’ le deseo toda la suerte del mundo y le recuerdo que a partir de ahora, vuela sin mi ayuda. A la jefa de la redacción le pido que nunca cambie y que siga imponiéndose ‘a su manera’, ¡gracias Alba! A mi hermano José le agradezco que me haya dado la oportunidad de mejorar a su lado y estoy seguro de que nos volveremos a encontrar.

Quiero ir cerrando con la persona que ha leído todo lo que ha escrito su nieto y al que le estaré eternamente agradecido por no dejar de hacerlo cada sábado por la tarde. Abuelo Miguel, estoy seguro de que la abuela Inés está ahora mismo sonriendo por nosotros.

Y por último, a la persona que más me ha hecho disfrutar de la hemeroteca de El Sol de Antequera, mi Archivero de Lujo, Pablo García Arjona. Seguiré ‘Buscando el Norte’ desde el Sur y con mi mochila a la espalda. Agur.

Tenemos la bonita costumbre de no valorar lo que tenemos cerca. Los periodistas, por supuesto, no íbamos a ser menos y tendemos a menospreciar el periodismo cercano, a lo local, sea Centenario y nos haya visto crecer en un pueblo que ahora tiene su Patrimonio Mundial por la UNESCO.
 
Parece ser que hay una cabecera que es la más antigua de la provincia de Málaga y que se edita en una redacción ubicada en el corazón de Andalucía. Mi objetivo esta semana era conocer si alguien me podía hablar de ese periódico. 
 
Casualmente, por decir algo, paseaba cerca de nuestro Ayuntamiento cuando me fijé que inauguraban exposición: “Conmemorando al Decano. La Hemeroteca del Archivo Histórico Municipal de Antequera”, así se titula esta maravillosa exposición que cuenta con numerosas cabeceras. 
 
Me puse a buscar la noticia de la inauguración de la exposición para ver si podía conocer quién había detrás del periódico que todo el mundo conoce y del que aún no sé ni el nombre. Mi sorpresa fue encontrar la noticia y darme cuenta de que el director ni se dignó a acudir. 
Aunque a algunos les escueza un poco, hablar de Periodismo en Antequera, es hablar del Decano, del periódico que desde 1918 ha visto pasar a muchos apasionados de este oficio. O eso me han dicho. 
 
Cumplo un mes desde que volví a mi Antequera. A Bilbao ya llegué bien educado y sabiendo respetar a los mayores, eso iba en mi mochila. El Diario Vasco es el Decano en el País Vasco.  Y aquí se llama El Sol de Antequera y lleva un siglo contando la historia de una ciudad humilde, ¿tan complicado es pronunciarlo? 
 
Si se quiere reconocer algo, hay que ponerle nombre y apellidos. Disfruten de la exposición en la sala ‘Antonio Montiel’, es bonito conocer que hubo una época en la que todos los medios antequeranos iban  a una. Por ellos.
Llevo toda la semana dándole vueltas a la muletilla que soltó repetidas veces Juan Segundo, pregonero del Carnaval. Esa hora del bocadillo que en nuestra infancia significaba recreo, que a su vez significaba seguir la conversación de clase, pero sin miedo a que te pillen. 
 
Intento imaginar cómo será este momento de recreo en el Congreso de los Diputados, ¿aprovecharán para pedir vidas en el Candy Crush sin que el Presidente les llame la atención? En su derecho están, faltaría más, todos guardamos algo de niños. 
 
Ahora la hora del bocadillo la dedico a imaginarme preguntas y a esperar la respuesta de quién la tenga, que nunca suele ser el primer cuestionado, aunque a veces, por sorpresa, las dan. 
Me sigo imaginando al pregonero subido al escenario y hablando sobre la rapidez de las obras en Antequera, que no digo yo que el cemento no tenga que secarse, pero es que comparó la obra de la calle Merecillas con la de los Dólmenes. Pues esta semana comenzaron unas obras de limpieza y desescombro, Juan. Dos semanas dicen y yo esta vez los creo, la empresa es antequerana.
 
 Trabajo en el Tholos del Romeral hay, es espectacular cómo está aquello, que por haber, había hasta un poco de césped entre tanto escombro. La culpa es de unos que dicen que la culpa es de otros y así nos va, Patrimonio Mundial por la UNESCO. Ni más, ni menos.
 
Mi primer Carnaval bien, el Teatro Torcal estaba lleno, pero cuenta la leyenda que hubo un tiempo en el que todos los antequeranos se echaban a las calles disfrazados y por toda Antequera diferentes cantaban canciones populares. Los amigos de la chiriparsa “Cambio de Tercio” y la chirigota “Aquellos duros Antiguos” pusieron toda la carne en el asador y sus voces me hicieron viajar a unos años que no viví, pero que supieron transmitirme en el escenario. Se acabó el Carnaval y sigo con mis preguntas.
Enciendo de nuevo mi grabadora acordándome de dos personas que estarán sonriendo en estos momentos, aunque por razones de la vida no puedan leerme. Lo que daría por poder entrevistarlos. Me estreno en este formato, el papel, al que llevan matando durante años, pero aquí sigue. 
 
Comienzo hoy una etapa en un periódico centenario, el de mi pueblo, el más longevo de la prensa malagueña, en el que todos piensan cuando hablan de prensa en Antequera y donde encontraré el contexto para entender una ciudad compleja.
 
Mientras mi amigo y columnista,  Jorge Pedrosa, busca el Sur cada semana, yo buscaré el Norte que tanto extraño en estos momentos. Intentaré trasladar, a través de esta columna, un pequeño trocito del País Vasco, donde he pasado los últimos seis meses formándome en lo que amo: el Periodismo. Allí dejé el Diario Siete Calles, así como muchas historias por contar, solo algunas consiguieron colarse en mi mochila de vuelta a mi Antequera.
 
Hace una semana mientras contemplaba por última vez mi apreciada Ría de Bilbao, no imaginaba que usted estaría deslizando el dedo por una columna escrita de   mi puño y letra.
Sirva como forma de inaugurar esta columna que, egoístamente, se la quería dedicar desde hace mucho tiempo a las dos personas que más habrían disfrutado de ver a su nieto feliz. A mi abuela Inés del Pino y a mi abuelo Aurelio Martín, aquí queda mi homenaje para la posteridad.