Resulta prácticamente imposible saber si la ‘joya’ de Florentino habría sido titular en Melilla de haber seguido Lopetegui en el Real Madrid, pero lo que sí parece fuera de toda duda es que su actuación magistral evidencia la fatalidad que ha rodeado al técnico vasco desde su despido de la Selección Española a 48 horas de comenzar el Mundial para dirigir al conjunto blanco.

Puede que por la mala dinámica de resultados, tal vez por la obsesión de proteger a sus estrellas, en no tocar los galones o por una razón de ‘cabezonería’ al entender que desde el club le intentaban meter al chico con calzador... Las causas importan ya poco, pero si hay algo evidente es que Lopetegui se equivocó con Vinicius.Vale que los primeros noventa minutos de Solari al frente del conjunto blanco no deben tomarse al pie de la letra. El rival, un Segunda B, y el torneo, ida de los dieciseisavos de Copa del Rey, no son motivos suficientes de peso para valorar el libro de estilo del argentino, pero sirve para hacerse una idea de si Solari aspira a convertirse en el nuevo ‘Zizou’ de Chamartín. 

Es pronto para sacar comparaciones odiosas. Veremos si el sustituto ‘provisional’ de Julen es capaz de enderezar el rumbo y tiene lo que hay que tener para sentar a Bale, Asensio o Lucas Vázquez y dar una oportunidad de verdad a Vinicius en un mal momento en el que muchos jugadores de la plantilla no están rindiendo a su mejor nivel.Vale que el chaval tiene 18 años y aún tiene mucho que aprender, pero lo cierto es que en el Madrid, ahora mismo, no hay ningún jugador indiscutible.

El brasileño puede ser titular ante el Valladolid este sábado perfectamente y el Bernabéu lo agradecería. Porque hay ganas de verlo y de divertirse con sus regates. Parafraseando a Julen, es evidente que a ‘Vini’ le falta ‘cocción’ pero cuando coge el balón el Madrid es otro equipo sobre el césped.

Nunca viene mal hacer un poco de autocrítica. De vez en cuando hay que mirarse al espejo y tomar decisiones. Algo que le vendría a las mil maravillas a la Selección Española antes de afrontar el próximo lunes su último partido de la fase de grupos frente a Marruecos. Sin sacar culpables. Solo analizando desde una perspectiva sosegada y distendida los dos primeros partidos disputados en este comienzo de Rusia 2018 para sacar conclusiones.

La Selección no había ganado el Mundial después del 3-3 ante la Portugal de Cristiano que dejó un cúmulo de sensaciones positivas en todo el país. Tampoco es que se aproxime el ‘Apocalipsis’ por las dudas, el mal juego en defensa y los apuros ante Irán para que Costa consiguiera un gol milagroso de carambola que valió los tres puntos. No se trata de eso. 

El fútbol moderno, el de los contratos millonarios, ha evolucionado muchísimo en la última década. Ahora, y lo digo porque es la era que me ha tocado vivir, la tecnología, los sistemas de juego, el grado de conocimiento del rival ha provocado que esa tendencia regular que había anteriormente de diferenciar entre países ‘pequeños y grandes’ se haya matizado mucho. Todo aficionado al fútbol se habrá dado cuenta. Brasil empató con Suiza, Alemania perdió con México y España casi se estrella con Irán.

Sinceramente, creo que el problema es que en España somos muy ‘Quijotes’. Tan ilusos que tendemos a olvidarnos de la competencia y vernos campeones al momento. Y luego pasa lo que pasa.La Selección necesita cambios. Iniesta está para jugar, sí pero 30 minutos. La combinación Isco, Silva es buena, pero Asensio rinde más de inicio. Carvajal viene de una lesión. Koke está para ser titular. Hay algo claro. El camino hacia la victoria pasa por jugar mejor y es evidente que en el banquillo están las soluciones a esos problemas, pero eso tiene que verlo Hierro.

Euforia. El viernes 1 de junio el ascenso del UMA Antequera a Primera División generó esa sensación en miles de aficionados antequeranos. La alegría desmedida se palpó sobre la pista del Argüelles con la invasión de campo. Saltos, gritos, lágrimas, muchos abrazos, pelos de punta, emoción, confeti por todas las esquinas, cánticos con el alma y mucha pasión sacudieron los cimientos del mítico pabellón, que hoy rinde homenaje a Fernando Argüelles, uno de los deportistas más insignes del balonmano antequerano. 

No sería balompédica la tarde del viernes, sino futbolera. Como jugador, vivir un ascenso o lograr una salvación en el último segundo de partido tiene que ser algo así como ganar una Champions, pero como periodista ver que el equipo del que llevas escribiendo todo el año en la sección de deportes de tu periódico ha consumado su regreso a la elite del fútbol sala tras superar en la final a un Real Betis que le doblaba el presupuesto, es la leche. 

Puede que sea por mis cuatro años vividos en la Universidad de Málaga o por mis once meses en Antequera, no lo sé, pero me siento parte de este equipo. El sentimiento de cariño a esta escuadra es inmenso. Plantilla y cuerpo técnico han conseguido contagiar en mí, y en otros muchos aficionados, las ganas de fútbol sala en la ciudad de Los Dólmenes.

No sé si en un futuro tendré el placer de seguir contando las hazañas de estos guerreros en papel, pero me quedo tranquilo porque sé que este club tiene un gran futuro por delante gracias a su proyecto integrador de formación y deporte, que es ejemplo en toda Europa.

Huétor Tájar, humilde localidad del Poniente Granadino, fue un ejemplo de lo que el fútbol puede llegar a conseguir. Con el lema ‘Todos somos Paquillo, el CD Agroisa Huétor Tájar consiguió llenar el Miguel Moranto, de solaridad, goles y más de doce horas ininterrumpidas de fútbol por una causa solidaria: conseguir recaudar la mayor cantidad de dinero posible para que Paco, un chaval de la cantera de once años, que tuvo que someterse a una operación para que le amputaran la pierna por culpa de un cáncer, vuelva a correr detrás de un balón lo antes posible. 
 
‘Paquillo’ necesita una costosa prótesis –valorada en más de 30.000 euros-, que su familia, con una situación económica complicada, no puede asumir. Para apoyarlo, su tierra y el equipo de su pueblo, organizaron una jornada extraordinaria de fútbol este miércoles en la que participaron más de 300 futbolistas procedentes de varios puntos de Granada. 
 
Un día mágico, grabado en la retina de un pueblo que ha hecho historia del fútbol con esta iniciativa que ha conseguido recaudar más de 22.000 euros procedentes de la venta de localidades y el sorteo de obsequios y camisetas firmadas donadas por varios clubes de Primera División como el Real Madrid o el Barcelona, de Tercera como el Palo, Real Jaén, Vélez, Atlético Mancha Real o nuestro querido Antequera.
 
Tal ha sido la magnitud del acto que estrellas de talla mundial como el jugador del Sevilla, Pablo Sarabia, o el jugador hueteño del Álaves, cedido en Croacia, Juanan Entrena quisieron contribuir con esta causa tan noble, aportando su granito de arena desde la distancia, enviando a la entidad sus camisetas firmadas para una rifa, en la que el único requisito para participar era abonar el precio de la entrada.
 
Al final, ni la lluvia ni el fuerte temporal fueron impedimento para que más de 2.000 personas se movilizaran para ayudar a ‘Paquillo’.
El dopaje está inmerso en muchos deportes, pero para dolor de los amantes y aficionados al pedal, esta sombra gigantesca y de aspecto voluntuoso, alimentada por el desconocimiento generalizado que le persigue, no deja de crecer. En los tiempos que corren parece que el hecho de ser ciclista profesional viene aparejado implicitamente con el consumo de sustancias dopantes no permitidas para aumentar el rendimiento físico. 
Parece que el reciente positivo por Salbutamol, encontrado en la orina de Chris Froome, ganador de Tour y Vuelta de España ha vuelto a reabrir la polémica, empañando la imagen de un corredor top, que todavía no ha sido condenado por el TAS (Tribunal de Arbitraje Deportivo). Sí, es cierto que han sonado casos imperdonables y desleznables dentro del ciclismo que han resquebrajado la credibilidad de este maravilloso deporte, como el positivo de Lance Amstrong, que sacudió a todo el planeta, al demostrar la falsedad de uno de los grandes mitos de este deporte, que ostentaba en su palmarés nada menos que siete Tour.
 
Admirado por vencer un cáncer de testículos y retomar su carrera deportiva, para muchos cayó en desgracia, pasando de héroe a villano cuando ya había dado por finalizada su etapa como profesional. ¡Lamentable! El problema es que escándalos como este, unidos al caso Festina, la Operación Puerto o el positivo por clembuterol del pinteño Alberto Contador, permanecen de forma imborrable en la memoria de los que sienten devoción por este deporte.  
 
Al pobre Froome lo han lapidado los medios, aunque se demuestre lo contrario. Los comentarios vertidos hacia él y su persona han condenado su reputación de por vida, con acusaciones que en gran medida, carecen de credibilidad o son erróneas. Hay gente que desconoce que en ciclismo como en cualquier otro deporte existen las exenciones médicas, que autorizan al deportista a consumir sustancias prohibidas por un tiempo determinado, o en determinados casos a perpetuidad, como ocurre con Froome, asmático crónico. 
 
Pero, para qué discutir con personas que todavía siguen pensando que un futbolista es mejor que un ciclista, cuando ni siquiera saben que el hecho de tomarse un ibuprofeno para aliviar el dolor de cabeza da ‘doping’.