El Carnaval de Antequera no sería el mismo sin tener como referente a la familia Montenegro que tantos años lleva impulsando a través de su negocio una fiesta que cada febrero llena de alegría y diversión sus calles.

Parte de la culpa de que en la actualidad se viva el Carnaval como se vive es de el alma máter de la familia, José Montenegro Pozo (Villanueva de Algaidas, 19 de mayo de 1935) quien ha sentido pasión por esta fiesta desde su adolescencia. Su mujer, Socorro  Ruiz González ‘le hizo antequerano’, como él suele decir, y en Antequera es donde disfrutaría del Carnaval y donde más tarde se convertiría en un medio de vida, que en hoy en día continúa, llevado por sus hijos.

Hijo de Juan Montenegro Martos y Purificación Pozo Álvarez, quienes vivían en el campo, vieron en el joven José las ganas de disfrutar de una fiesta que en aquellos tiempos estaba prohibida: “Yo venía a hablarle a mi señora con 17 años  y aquí nos juntábamos las pandillas en Carnaval. Entonces estaba prohibido, pero se disfrutaba más días con el cachondeo de joven de salir con lo primero que pillabas de casa... la mujer salía de hombre y el hombre de mujer y nos reíamos mucho sobre todo corriendo de las autoridades porque estábamos en dictadura”. 

     

“En el barrio de las Peñuelas y en el barrio alto en la zona de Vera Cruz  que era donde menos circulación de policía había era donde se concentraba más el Carnaval, porque si te cogían ibas al calabozo esa noche, aunque al día siguiente te soltaran”, añade José.

En cuanto a los disfraces de antes, primaba más la imaginación que los medios: “Cogías una escoba o una chaqueta vieja de tu abuelo te la colocabas y a la calle... Que querías pintarte la cara, ponías una sartén boca abajo, te dabas con los dedos en la cara y ya estabas listo, no como las pinturas que hay ahora...”. El Carnaval gustaba en aquellos tiempos más porque estaba prohibido: “Siempre lo prohibido llama más la atención y el cachondeo estaba ahí... En Antequera había mucha afición al Carnaval... Después cuando ya se autorizó empezó bastante bien”, asegura Montenegro.

Los inicios profesionales de Montenegro

Tanto era el entusiasmo por el Carnaval,  que con los años esta fiesta pasaría a ser un medio de vida para José: “Todo surgió estando prohibido todavía allá por el 1972. Por aquel entonces iba a Málaga a comprar artículos y surgió por mediación de la compra de petardos en una tienda de disfraces que se llama Almacenes Carrasquilla, la posibilidad de comprar caretas, ya que al estar prohibido, todo el mundo quería ir con la cara tapada”.  

“Me traje 7 caretas de viejo, vieja y políticos. Me la ponía en Navidad con un disfraz y visitaba a los vecinos junto con mis hijos y nos divertíamos de esa manera... Al vecino que le gustaba la careta me pedía una y así empecé a venderlas... Al año siguiente comencé a vender más y al siguiente más... Cuando autorizaron el Carnaval ya empecé a traerme más disfraces y caretas y a venderlos en la calle Obispo donde tenía yo la tienda antes de pasar a la calle San Pedro”, añade José. 

 

El Carnaval de Antequera de entonces y el de ahora

En la década de los 80 el Carnaval en Antequera se asentó: “Recuerdo que en aquellos años venían agrupaciones y actuaban en la puerta del Ayuntamiento, Plaza de San Sebastián y en el Teatro Torcal, hacían un carrusel por el centro con las calles cortadas... Yo salía con dos furgonetas y regalaba cosas a la gente, aquello me venía bien porque me hacía propaganda”, recuerda Montenegro. 

El Carnaval ha cambiado mucho en nuestra ciudad: “Los cambios ha sido más por los sitios. Cuando lo pusieron en la plaza donde se hacía la quema del mollete hacía mucho frío, otros años en las carpas. La gente tiene ganas de salir, pero luego no aguantan en la calle. A Antequera le cuesta arrancar, antes era más carnavalera que hoy”. “El Carnaval debería de tener más vida en la calle y hay que apoyar y motivar más a los que quieren disfrutar del Carnaval aquí”. 

“Para vivir intensamente el Carnaval sólo hay que tener ganas de divertirse, salir a la calle y pasarlo bien... Los problemas vienen solos, pero el divertirse es bueno...Si te diviertes tú estás divirtiendo a tu gente lo primero y segundo al que te rodea... de esa manera se motivan todos... Hay que salir a divertirse,  a mí me ha gustado divertirme y por eso tengo la tienda...”concluye José, todo un apasionado y un pionero del Carnaval en nuestra ciudad. 

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