Desde
hace algunos años (1985) las intervenciones en patrimonio arqueológico
en nuestra Comunidad deben contemplar tres líneas de actuación (marcadas
en los diferentes planes directores de Bienes Culturales) paralelas
y complementarias entre sí:
- Intervención.
- Conservación.
- Difusión.
A menudo ocurre que los arqueólogos confundimos
el tercer punto con la publicación de los resultados obtenidos con metodología
científica en revistas especializadas, repletas de notas a pie de página
donde se intenta demostrar que se ha realizado una investigación digna,
a la altura de la circunstancias. Y ahí acaba todo, a no ser que el
yacimiento corra la suerte de convertirse en un centro de interpretación,
o sea objeto de un proyecto de musealización. Estas acciones de puesta
en valor deben de ir precedidas de investigaciones complementarias,
proyectos de consolidación, incoación de expedientes administrativos
para la protección del yacimiento mediante las opciones más adecuadas
que se contemplan en la Ley de Patrimonio de nuestra Comunidad al mismo
tiempo que se realizan labores de mantenimiento y vigilancia del propio
yacimiento. Todo este proceso tendente a la puesta en valor del patrimonio
es lento, pero debe ser continuo y abordado desde diferentes ópticas
profesionales (restauradores, historiadores, profesionales de arquitectura,
museólogos y arqueólogos) siempre en una línea interdisciplinaria (los
diferentes profesionales se interrelacionan) y no multidisciplinaria
(trabajan diferentes especialistas, pero sin relación entre ellos, una
mera suma de disciplinas sin coordinación entre ellas).
Todo esto viene a colación porque acaban de ser
publicados los primeros resultados de la intervención arqueológica en
la Villa de la Estación en el último número de la Revista
de Estudios Antequeranos, y desde la Oficina Arqueológica Municipal
queremos realizar un esfuerzo de síntesis, aceptando la amable invitación
que la dirección de este periódico nos ha realizado.
La Villa romana de la Estación se
ubica al noroeste del actual casco urbano de Antequera, en la salida
de esta población hacia la carretera de Córdoba (N-331), junto a la
Estación de ferrocarril. Aunque el yacimiento es conocido desde finales
del siglo pasado, será en 1998, al realizar las obras para la construcción
de la circunvalación norte de Antequera, y en cumplimiento de las cautelas
arqueológicas contempladas en el PGOU de Antequera, cuando se ponga
de manifiesto la importancia arqueológica de esta villa, obligando a
desviar el trazado de la carretera a su paso por el yacimiento, incluso
a no concluir la obra viaria en este punto. Estos primeros trabajos
arqueológicos fueron realizados desde el Ayuntamiento de Antequera en
coordinación con la Delegación Provincial de Cultura de la Junta de
Andalucía y en resumen estos son los resultados mas relevantes:
Se trata de una villa cuyas estancias se articulan
en torno a un gran peristilo (patio rodeado de columnas) (unos 430 metros
cuadrados) . La galería estaba pavimentada con mosaicos geométricos,
que han llegado hasta nosotros en un estado de conservación excepcional
. Este corredor columnado rodeaba un estanque rectangular de más de
15 metros de lado en cuyo interior se han localizado los restos de cuatro
fuentes circulares de 4,2 metros de diámetro cada una. Posiblemente
todo ello estaba decorado mediante plantas acuáticas y peces multicolores
y, además, el conjunto se remataba con un grupo escultórico, al que
apenas nos hemos acercado, compuestos por erotes de mármol en diferentes
actitudes: cabalgando sobre un delfín, otro recostado, pequeñas hermae,
quizá escenas de carácter báquico, estamos seguros que la superficie
excavada de este estanque no se corresponde apenas con un veinte por
ciento del total, lo que augura grandes sorpresas en futuras intervenciones.
En torno a este espacio, fueron estructuradas el resto de las habitaciones:
vestíbulo, comedor, dormitorios principales, sala de recepción, exedra
etcétera..., además de un pasillo en rampa que, por uno de sus laterales,
presentaría una zona ajardinada y que nos llevaría a una gran galería
porticada que, formando parte con el ninfeo, constituían un conjunto
arquitectónico y escultórico de singular belleza, como si se tratara
de una gran balconada hacia la Vega Antequerana.
Los fragmentos escultóricos que hemos localizado
hasta el momento son los siguientes:
-Máscara de Melpómene: musa del
Teatro y de la Tragedia.
-Fragmento escultórico de un sátiro.
-Escultura de Eros dormido.
-Escultura de Eros cabalgando sobre un animal acuático.
-Retrato en relieve de un personaje barbado, posiblemente un
filósofo o uno de los domini (dueños) de la villa.
-Busto de un príncipe de la familia Julio Claudia, conocido
tradicionalmente como Druso Maior, a quien después de los últimos descubrimientos
en el foro romano de Tarragona hay que identificar inequívocamente como
Nero Germánico, según los mas prestigiosos especialistas
en iconografía romana (hallazgo casual de 1948 en la villa al realizar
desmontes para la construcción del carretera N-331).
-Cabeza de divinidad, quizá Venus-Afrodita, localizada
durante las labores de consolidación en el peristilo que ha llevado
a cabo la Consejería de Cultura en coordinación con la oficina arqueológica
municipal de Antequera durante el presente año. Sin duda alguna una
de las mejores representaciones de esta divinidad en la península.
La mayoría de los fragmentos escultóricos se han
documentado en niveles de derrumbe en ámbitos cronológicos que nos llevan
a los siglos V, incluso como hemos señalado con anterioridad hasta principios
de la siguiente centuria, sin embargo las características formales y
estilísticas nos llevan a los siglos II y III. La pervivencia de estas
piezas a través de los siglos puede explicarse por su valor artístico,
simbólico e ideológico, tal y como ocurre en otras villas con decoración
escultórica documentadas en la Península.
Todas estas esculturas aparecen fragmentadas de
antiguo, fruto de una acción calculada y realizada a propósito, posiblemente
tras su abandono y con motivo de su ocupación residual por parte de
visitantes practicantes de la religión cristiana, dada la aversión de
ésta, sobretodo en los siglos que marcan el final del Imperio, hacia
todo aquello que recordase los cultos paganos. Baste recordar en este
sentido las disposiciones del Concilio de Elvira, cuyo canon 41 , prohibe
como impuras e idólatras las estatuas en las casas.
El grupo escultórico, en conjunto, nos acerca
al esquema de pensamiento que originó la villa, así como a la evolución
ideológica y económica de los diferentes personajes que la poseyeron
desde la segunda mitad del siglo I d.C. hasta principios del siglo V
de nuestra Era, con una importante remodelación a finales del II o principios
del III. Los parámetros culturales de estos propietarios rezuman un
incuestionable gusto por los placeres de la vida, sin duda derivado
de su admiración por el Helenismo como cultura y como filosofía de vida.
MANUEL ROMERO PÉREZ
Oficina Arqueológica Municipal del Ayuntamiento de Antequera