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 Antequera, una ciudad encantada de leyendas históricas que perviven

 

 

La magia de la historia de las ciudades se encuentra plasmada en las leyendas que se han ido contando de padres a hijos, de familias a familias, de jóvenes enamorados a jóvenes ardientes en amor, de boca a boca. Y Antequera no se queda atrás. Son cientos las que se conocen y están escritas. Muchas de ellas se desarrollan en distintas versiones que varían algún nombre, algún detalle, pero todas coinciden en el fondo.

Entre las que más destacan, vamos a citar algunas: el origen del dicho «Salga el Sol por Antequera», el Abencerraje y la leyenda de la Peña de los Enamorados, entre otras.

«Salga El Sol por Antequera». Corrían los inicios del siglo XV. Antequera estaba bajo el poder árabe y las tropas cristianas venían del norte de la Península para reconquistar sus tierras. El Infante don Fernando de Aragón dudaba qué tierra tomar. Una noche se le apareció una joven resplandeciente rodeada de leones y le dijo que no dudara y que mañana «Salga el Sol por Antequera y que sea lo que Dios quiera».

El Infante, junto a sus tropas, no dudó y fue a por Antequera. La joven que se le apareció fue Santa Eufemia, virgen y mártir calcedonense, que fue designada divinamente como Patrona de la ciudad de Antequera desde aquel 16 de septiembre de 1410, fecha que destaca por varios desenlaces en torno a la noche mágica e inolvidable de las candelas (cfy, fil, mmm).

Desde aquel entonces, fue empleándose esta frase que hoy aún perdura en muchas conversaciones.

De años más tarde, es la fortuna literaria del «Abencerraje», protagonizada por Rodrigo de Narváez y Jarifa Abindarráez. Dos jóvenes enamorados y un héroe moro. El mismo Miguel de Cervantes en «El Quijote» se basa en ella en uno de sus capítulos de su celebérrima obra maestra.

Pero la leyenda que más se conoce y más encanta a todos los que la escuchan es la de "La Peña de los Enamorados". Era Antequera límite fronterizo de la España cristiana con la musulmana. Un joven cristiano, Tello, cae prisionero en una localidad próxima. La hija del mandatario moro de esa localidad, Tagzona, va por curiosidad a los calabozos en los que se encuentra con el apuesto guerrero. Ambos, de una sola mirada casi única, caen enamorados y deciden marcharse, ya que por aquellos siglos, no se les permitía contraer matrimonio a parejas de distintas creencias.

Aunque escapan de la cárcel, son descubiertos por los guardias que, con el padre de Tagzona al frente, salen a su captura. El desafío se va difuminando, los moros se acercan y no saben qué hacer. Llegan a un peñón en las entradas de la ciudad de Antequera, decidiendo subir por él. Ya en todo lo alto, los arqueros del padre moro apuntan a los jóvenes. Ambos se miran, se cogen de la mano, y se colocan al filo de la cima. No tenían escapatoria: rendirse y ser capturados y separados. Pero no, Tello y Tagzona, unidos por sus manos, vuelven a mirarse fijamente y se despeñan, saltan al vacío. Prueba clara en la que se demuestra que el amor no tiene límites, ni los de las creencias ni las imposiciones de los padres.

Hoy en día, aún en Antequera se toma como referencia en las declaraciones de amor entre los jóvenes enamorados, aunque ni decir que se queda en palabras y no en hechos, destacando sobre todo el quedamiento. Hay algunos que le recitan a su amada la leyenda, otros que le interfieren con fuegos artificiales e incluso, los más osados, son capaces de alzar una avioneta con el nombre de su amada...

Por enumerar otras tantas, existe la de la Fuente del Toro, basada en una fuente que tenía en su frente un gran tesoro, que era Antequera y no oro. O la del Cristo de los Avisos, donde un crucifijo avisó a un noble caballero antes de ser asesinado. O la del Arco del Nazareno, la de Jesús de la Sangre, la ejecución de tres imágenes cofrades de manos de ángeles, o la de la Beata...

© FOTO ANTONIO J. GUERRERO
La Peña de los Enamorados



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