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 La gastronomía antequerana, desde la porra hasta el bienmesabe

 

 

Cayetano Luca de Tena, se refería a la Gastronomía Antequerana en su periódico ABC en 1986. Plenamente válidos los comentarios, no nos resistimos a repetirlos.

«En homenaje a ustedes, mis queridos lectores, me he dedicado durante mi estancia en el Parador de Antequera, a los platos típicos de la región. Empiezo por decir que no ha sido ningún sacrificio. Hace ya tiempo que los tópicos acumulados sobre la cocina del Sur han empezado a rectificarse. Desde que la gente viaja, prueba, compara, aprende y descubre fórmulas que desconocía, muchos se han dado cuenta de que en las sartenes y pucheros de Andalucía se guisa algo más que el pescado frito y el gazpacho. Y no es que estas dos materias sean deleznables, no señor, sino que representan sólo una parte de la gastronomía andaluza. Los flecos del mantón, como dijo alguien del fandanguillo.

En primer lugar, era obligatorio tomar aquí la «porra antequerana», en el mismo lugar de su nacimiento. Ya saben ustedes de lo que se trata. Aquí, a esa masa de gazpacho sin hidratar, le añaden tiritas de jamón, trozos de huevo duro y unos pedacitos de atún. Está sensacional. Lo mismo que el «ajo blanco» que aquí se sirve —la verdadera fórmula malagueña— con uvas cuando es tiempo, o con pasas cuando no hay uvas.

El «remojón antequerano» lo he comentado aquí con entusiasmo en otras ocasiones. A mí me parece una ensalada original y exquisita. Se compone de naranja finamente cortada, pimiento verde, cebolleta tierna — estas últimas en «juliana»—, aceite, vinagre, sal y un poquito de pimentón dulce. Tras el aliño, se adorna con tiritas de bacalao ligeramente asadas, aceitunas negras deshuesadas y huevos cocidos en pedazos.

No se quejarán ustedes, que hasta ahora les estoy dando la receta que me ha facilitado Francisco Carmona Hermoso, jefe de cocina del Parador, al que felicité por un «rabo de toro» no tan bravo —tan picante, quiero decir— como alguno que lidié en Sevilla. Este podía encajar en el más susceptible de los paladares sin perder sabor. Lo acompañé con arroz blanco, aunque en alguna ocasión lo he saboreado con unas patatas hechas en la propia salsa del guiso. Para que no me acusen excesivamente de pescadófilo, he comido también un conejo a la salsa de hinojo que me pareció muy respetable.

¿Cómo iban a faltar el «bienmesabe antequerano». Pues en la pendiente, también puedo detallarles su composición: azúcar, almendra tostada y molida, bizcocho, cabello de ángel, huevo. Canela molida y azúcar glas —¿se escribe así?— para decorarlo. ¿Que si está bueno? Con decirles que a mí nunca me gustó el cabello de ángel y en esta preparación me sabe a gloria, ya les digo bastante. Y adiós por hoy. Me voy a cenar. Me está dando el corazón que voy a insistir en el «remojón antequerano». ¿Ustedes gustan?».

Lo decía un experto, como nos lo confesaba RAFAEL ANSÓN, el mismísimo CANDIDO —mesonero segoviano— o CARLOS ARGUIÑANO, o la mismísima DOÑA SOFIA, ese regalo que Dios ha hecho a España como Reina, cuando en su última visita a Antequera, tras mojar «mollete de Antequera» en «aceite de Antequera» (base de cualquier cocina que se precie) —como lo hizo su egregio esposo, nuestro DON JUAN CARLOS—, pedía en el mismo Parador Nacional de Turismo, la receta de «la porra antequerana», para incluirla, sin duda, en la dieta de Palacio.
De pregonar esa Gastronomía Antequerana, se encarga el escritor, gastrónomo y hombre de bien, JUAN ALCAIDE, y de aprenderla, se encargan esos aprendices que salen anualmente de los fogones del «Henchidero», extensión docente-culinaria del Instituto «Pedro Espinosa», que por cierto cumple en éste 75 años.

Y es que está muy bien que se extasíe uno ante tanta belleza, pero que no falte un buen menú, en cualquiera de esos prodigios que son los comedores de los grandes hoteles y el Parador, los de las pensiones y fondas, o esos restaurantes desperdigados estratégicamente por la ciudad, para mayor gloria culinaria de quienes nos visitan.

Sumen a esos platos antes mencionados por el maestro LUCA DE TENA, los «cocidos», las «papás guisás», el «potaje de espinacas con garbanzos y bacalao», la «asadura en chanfaina», los «boquerones rellenos», los «mantecados» y un larguísimo etcétera y, a la mañana siguiente, no tiene usted perdón de Dios si no pide «mollete de Antequera con chicharrones». En caso de remordimiento colesteroide, cambie esto último por aceite que tampoco es manco...

Cuando vuelva a su tierra, podrá usted presumir de haber conocido la auténtica cocina andaluza. Cayetano Luca de Tena dixit.




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